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martes, 24. mayo 2005

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Besos en Manhattan - David Schickler


Autor: David Schickler
Título: Besos en Manhattan
Editor: Anagrama
Año: 2005
I.S.B.N.: 84-339-7054-2
Traductor: Ceriani, Cecilia.
Nº Páginas: 290

Los protagonistas de "Besos en Manhattan" buscan a alguien, pero no siempre lo saben. Eso es lo que les sucede a la mayoría de los protagonistas de estas historias, y para entrar en situación rápidamente, lo que sucede en el relato que abre el libro: Donna acepta una cita a ciega con Checkers, aunque en principio la idea no le hace mucha gracia.
El libro se presenta como una colección de relatos pero los personajes se entremezclan, hacen "cameos" en una historia y adquieren todo su protagonismo en la siguiente. Y así, casi al final del libro, se reunen en una fiesta que dura varios días. Este es uno de los atractivos de este libro, la delgada línea que le separa de ser una novela, aunque por separado, cada relato funciona perfectamente. De hecho, muchos de los personajes viven en el mismo edificio, incluso comparten piso, pero las historias tienen su propio desarrollo, su propio desenlace, con personajes que entran y salen. Estos personajes parecen personas normales, pero poco a poco vamos conociendo sus rarezas, sus defectos, sus fantasmas. Así descubrimos que el tierno James Branch habla con el ascensor de su edificio, que su compañero de piso, Patrick Riggs tiene una oscura forma de alcanzar el placer, o esa mujer mayor que desde el día de su boda baña a diario a su esposo.
David Schickler ha sabido además trasmitir con acierto el ambiente que requiere cada cuento, dependiendo del protagonista: a veces transmite una enorme tensión sexual, toques de paranoia, situaciones "mágicas", encuentros místicos. Sí, es cierto algunas historias tienen su punto surrealista, pero en ningún momento nos creemos que no pueda suceder lo que el autor nos está contando, y sobre todo, encaja totalmente con el personaje y su situación.
Al principio el libro decepciona un poco, las primeras historias no tienen ese gancho necesario, parece como si faltara algo. Pero a medida que el libro avanza, esos detalles que parecían no tener importancia vuelven a aparecer, nos resultan familiares, nos atrapan y nos hacen leer sin descanso. Es divertido ver como ese tipo que solo tiene un par de frases en una de las primeras historias se convierte en alguien tan entrañable más adelante, o la percepción que tienen diferentes personajes, como si de una "intromisión" (www.intromisiones.com) se tratara, de un lugar, una situación, un momento.
Quizá una pega que se podría poner es que, así como en un relato corto está permitido que una historia no finalice, ya que lo importante es la esencia, lo que el autor pretendía contar, que varios personajes vuelvan a aparecer en otros cuentos pero al final del libro nos quedemos sin saber nada más de ellos, resulta un poco molesto. No es el libro del año ni mucho menos, pero en cualquier caso, se lee muy bien, es ágil, entretenido, divertido, excitante. Es recomendable.
Esta colección de relatos es en realidad el cuarto libro escrito por David Schickler, aunque es el primero que fue publicado (y en España el único de momento). Anteriormente escribió tres novelas, de las cuales "Sweet and Vicious" fue publicada el pasado año en Estados Unidos y cuenta el autor que está trabajando ya en su adaptación para el cine. Espero con ganas su edición en España, y disfrutar de otro buen rato con este autor.
Por cierto (es una manía, lo reconozco) os recomiendo que no os leáis la contraportada del libro si tenéis intención de leerlo entero, ya que cuenta muchos detalles que os estropearán la sorpresa de algunos relatos.
Sitio web del autor.
www.davidschickler.com
Relato "The Smoker", en NewYorker.
www.newyorker.com



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jueves, 2. diciembre 2004

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Para Carlos, con una sonrisa.
Hoy es un lunes gris
Por Esperanza
Esta mañana el cielo tenía ese color de agua miedosa, que quiere caer pero no se atreve y la gente paseaba con paraguas bajo el brazo. Pero yo he salido un rato a tomar el aire sin capucha. El agua no hace daño. Moja. Solo eso. A la vuelta del paseo he querido secar mi chaqueta en un radiador, pero no funcionaba. Han saltado los plomos de la calefacción justo cuando el electricista se ha dado de baja. Seguramente haya sido por la gotera que se ha formado justo encima de una impresora. Tal vez, me he dicho, sea mejor así. Mañana vendrá otro electricista nuevo y se esforzará doblemente para causar una buena impresión. Hubiera llamado a pedirlo si no fuera porque mi móvil se ha estropeado y el fijo no tenía señal. Bien pensado, nadie podrá molestarme ni darme malas noticias.
Falta poco para la Navidad y hoy es un día perfecto para poner el árbol. He abierto la puerta del sótano para sacar los adornos y el falso abeto cuando una rata enorme ha salido corriendo. Me ha parecido ver que se paraba un segundo a mirarme. Pero creo que hemos hecho un pacto. Si ella no me molesta a mí yo tampoco pienso hacerlo.
Este año he puesto las cintas plateadas y las bolas de cristal. He colgado un par de esas bolitas de espejos, como las de las discotecas de antaño. Y en las puntas de las ramas, he encajado cedés estropeados que reflejen la luz. Y en la ventanilla para el público, un muñeco de nieve de alambre y algodón que alguien me regaló hace años. Me he llenado los dedos de espuma al dibujar estrellas en los cristales. Y cien luces diminutas que se encienden y se apagan.
La tarde va oscureciendo pero una niebla fina hace que parezca más clara. Y oigo a lo lejos el monótono sonido de una gota que cae sobre el plástico de la impresora. Me alejo un poco y veo el efecto.
Hoy es un lunes plateado.
Hoy es un lunes gris
Por Miguel
Después de dos semanas en casa de Carlos, por fin Alejandro está en su nuevo piso. El sábado quedó con la casera para recoger las llaves y hoy lunes viene la gente de IKEA con los muebles, a primera hora. Mientras les espera, recorre la casa vacía. La habitación de los niños es la que da al patio interior. Es la que usarán los fines de semana, uno de cada dos. Su habitación, nada más que un colchón aún envuelto en la funda de plástico, apoyado contra la pared. Desde la ventana se ve la calle, llena de coches a estas horas. En segunda fila esta el mismo coche azul que vio en su primera visita al piso. Hoy el cielo tiene color plomizo, en cualquier momento descargará con ganas. Alejandro vuelve al salón, que sirve de distribuidor de las habitaciones y accede a la cocina. Es alargada y estrecha, con una pequeña terraza para tender la ropa. También está la caldera de la calefacción. La pone en modo “invierno” y automáticamente entra en funcionamiento. Entonces se da cuenta del frío que tenía, los pies y las manos congelados.
Suena el timbre del portal. Alejandro mira el reloj: es la gente de IKEA. Sonríe. Le gusta su puntualidad. Enseguida se llena la casa de cajas, unas enormes, otras más chicas. Alejandro les va indicando dónde va cada cosa, las literas a la habitación de los chicos, la mesilla de noche a su habitación, la cubertería a la cocina... Tanta actividad le hace sentirse bien, le da energía. Mientras los operarios montan las estanterías, los armarios, las camas, él amontona las cajas vacías, separadas de los plásticos. Cuando acaban con el armario de su habitación, deshace las maletas y coloca la ropa en los cajones, mientras acaban con la estantería del salón, coloca el menaje de cocina. Tiene que apagar la calefacción, es imposible que nadie tenga frío ahora.
A las tres de la tarde ya han terminado de instalarle todo. Alejandro les da una propina y baja con ellos. Se acerca hasta una cafetería de la zona, “Los cuatro hermanos” a tomar un plato combinado. En la calle se fija que el coche azul ya está bien aparcado. Supone que su dueño trabajará en la academia de informática que hay junto al coche. Aunque estamos a principio de diciembre, la academia ya tiene los cristales llenos de espuma de nieve y adornos navideños. Nunca le gustó demasiado la navidad así que se sorprende al darse cuenta de que acaba de apuntar en la lista de compras pendientes un árbol de plástico y bolas de colores.
Alejandro sube a su casa. Su nueva casa. Enciende la luz del salón y se siente feliz. Se alegra de no haber querido traer nada de su antigua casa. Ahora todo es nuevo, brillante, agradable, muy bonito. Después de ir cuesta abajo tantos meses, siente que tiene una nueva oportunidad, una nueva y esperanzadora vida.



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viernes, 19. noviembre 2004

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La hija de la puta - RICHARD RUSSO


Libro: La hija de la puta y otros cuentos
Autor: RICHARD RUSSO
Editorial: Emecé
Páginas: 168
ISBN: 8495908697

Un libro que se titule “La hija de la puta y otros cuentos” parece ideal para llevar a la playa y crearte una buena reputación entre esos amigos que solo leen “el Código Da Vinci” o “Los pilares de la tierra”. Este chico es alternativo, un punki, un enrollado.

Pero este libro, escrito por Richard Russo, es algo más que un título impactante, es una colección de relatos muy bien construidos, con unos personajes creíbles, en los que las historias tejidas en cada relato van atando todos los cabos de forma que al final se entiende lo que pretendía el autor al escribirlo. A la manera de otros escritores norteamericanos, como Carver, son cuentos en las que pasan cosas que contadas por otro autor podrían parecer normales pero Russo sabe darles el toque de humor, ironía, dramatismo o melancolía, que las convierte en algo especial. Con un estilo directo, sutil y muy ágil, el autor va poniendo las piezas del puzzle, y solo entonces, al mirar desde arriba, vemos la fotografía completa.

Es la agilidad es una de las virtudes de Russo, que a veces en un solo párrafo es capaz de hacernos vibrar (él no necesitaría un capítulo completo para que viéramos con nitidez un pollo correr sin cabeza por la cocina, como sí le sucede a Eloy Tizón). Cuando acaba el relato de apenas treinta páginas ya sabemos cómo era el hotel donde está de vacaciones el protagonista, la biblioteca, el jardín lleno de abejas. También alcanzamos a comprender los motivos de la “locura” de su mujer, su sentimiento de culpa.

Además, también cuida otros detalles que hacen que nos enganchen los relatos. Los comienzos tiran de la historia, la lanzan a velocidad de crucero y los finales son como la guinda que hace que nos quedemos paladeando un rato antes de pasar página y atacar al siguiente cuento. El relato que abre el libro es el que le sirve de título, una elección que sin duda tiene un sentido comercial ya que no es el mejor cuento de todos. De hecho, el libro parece ir creciendo con cada historia y al final es difícil decidir cual de los siete cuentos es nuestro favorito, cual nos ha gustado más.

Creo que ya alerté otras veces de mi gusto por la literatura anglosajona contemporánea (Richard Russo nació en 1950). Estoy seguro que para los aficionados a este estilo, el libro se convertirá en uno de sus favoritos, como me ha sucedido a mí. Anteriormente había publicado varias novelas y con una de ellas, “Empire Falls”, ganó el premio Pulitzer en el 2003, lo cual tiene más mérito si cabe ya que ese año fue finalista J. Franzen con “La correcciones”.

Antes citaba como virtud del libro su agilidad, su facilidad de lectura. El otro día, tumbado en la playa, justo al terminar uno de los cuentos, posé el libro y me quedé mirando el horizonte, con un sentimiento contradictorio. Por una parte disfrutando de las sensaciones tan fantásticas que me había dejado el cuento, de otra, triste por acercarme al final del libro. Maldita agilidad.



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Ven a verme - Erika Krouse


Autor: Krouse, Erika
Título: Ven a verme
Editor en España: Mondadori Editorial
Año: 2004
I.S.B.N.: 84-397-1061-5
Traductor: Noguera, Sofia C.
Nº Páginas: 220

Para variar, saqué el libro de la biblioteca sin saber nada de la autora. Pero ya sé que hay alguien en la editorial Mondadori que tiene un gusto parecido al mío, así que cuando veo un nuevo libro de esta colección de nuevos narradores norteamericanos tengo pocas dudas. Confirmado, el libro de Erika Krouse no defrauda.
En “Ven a verme” tenemos 13 relatos (en realidad 12+1, por que uno de ellos ocupa apenas dos páginas) protagonizados por mujeres y narrados en primera persona y como la propia autora lo define, son “stories about thirteen women trying to negotiate human relationships while keeping themselves intact”. La mayoría de ellas están de paso, ya sea este geográfico o mental. Son mujeres que desean encontrar su lugar en el mundo pero las circunstancias que las rodean no parecen ayudar demasiado. Hay mujeres que desean casarse, otras que han huido de sus parejas, otras, solteras que solo se acuestan con hombres casados. Pero aunque esa búsqueda llene las páginas de una sensación de desilusión, las historias están contadas con humor y unos diálogos inteligentes.
El libro además crece. Las tres primeras historias crean el ambiente que impregna el libro pero entonces nos tropezamos con “Misericordia”, en mi opinión uno de los mejores cuentos. La protagonista es una joven que aparentemente no tiene demasiadas aptitudes para encontrar un trabajo decente, aunque vamos descubriendo que sí que las tiene para sobrevivir, como se confirma con las pistas que nos da al final del cuento. A continuación viene “Demasiado grande para flotar”, la historia de una mujer que tiene dificultad para enfrentarse a sus miedos, a volar, a marcharse con el hombre del que se ha enamorado. Otro cuento genial es “Madres de otros”, en la que la protagonista anhela ser adoptada por las madres de sus amigos. En las dos últimas páginas relata la última vez que habló con su madre, una discusión en un coche que va subiendo de tono hasta la explosión final de la madre. También “Momento”, y ese final de una caja que se va vaciando, la metáfora de su relación que también se ha perdido, es un interesante relato.
Este es el primer libro de Erika Krouse, residente en Colorado (en la mitad justo de Estados Unidos), que como promete su biografía está "preparando una novela" (¿es que un autor no puede conseguir respeto si no publica en formato largo? ).
Como no he localizado ninguna referencia en español sobre este libro, ninguna crítica en periódicos, revistas online, me imagino que pasará desapercibido. Así que os invito a que no os lo perdáis.
El sitio web de la autora: www.erikakrouse.com



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martes, 13. julio 2004

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Polos
Por Esperanza
He estado jugando con dos imanes. Por un extremo se atraen, eso lo sé desde niña. Se juntan, se pegan, se hacen fuertes. Pero nada más.
Les doy la vuelta y empieza el baile. Se ignoran, se rechazan, se giran buscando el extremo opuesto y cuanta más fuerza hago para acercarlos, más se resisten.
Pero es más divertido.
Ecuador
Por Miguel
Yo vivo en el polo Norte y tú en el polo Sur. No podríamos estar más alejados.
Pero los polos opuestos se atraen, eso lo sabes desde niña.
Como no podría ir a verte, propongo que quedemos en el ecuador, en algún sitio a mitad de camino, donde haga más calor y todo sea más divertido, donde no haya nada que pueda separarnos.
Estoy tan harto de este frío.



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