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miguel, 28 de abril de 2004, 14:56:52 CEST
Una carta en un restaurante
Por Miguel
La camarera me acompaño hasta una mesa en la zona de “no fumadores” del restaurante. Mientras yo tomaba asiento, ella metió la mano en la chaqueta del uniforme y sacó un sobre blanco, que dejó encima de mi mesa. «¿Qué es esto» -pregunté. «La carta» -me contestó sin inmutarse. Mientras la camarera se alejaba, examiné perplejo el sobre, más sorprendido si cabe al encontrar mi nombre como destinatario. Leí la carta, una preciosa carta de amor, aguantando las lágrimas y al terminar me puse en pie. La camarera se acercó a mí. «Me temo que no tengo apetito, lo siento» -le dije. «¿Tal vez el señor solo desea tomar una copa?» -contestó, dándose la vuelta. Le seguí hasta el bar y allí estabas, tras la barra. Me senté en uno de los sitios libres y pedí una copa de vino.
Por Esperanza
Traje azul, corbata rosa, camisa de rayas. Van tres hoy. Luego dicen que no llevan uniforme. Y me llaman por mi nombre. Pero no tiene misterio, llevo una placa. Yo, en cambio, me sé sus nombres de oírlos. Y sus gustos. Y sus vidas. Ellos tienen vida.
Vaquero azul, camisa negra. Siempre un libro bajo el brazo y ni una sola palabra en diez meses. Él es distinto. Una tarde se dejó el libro olvidado en la mesa, con una tarjeta de visita como marcapáginas. Por eso sé su nombre. Porque él quiso que lo supiera.
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