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viernes, 26. marzo 2004

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Perfume Por Esperanza

Llevo meses buscando un perfume, ese perfume. He recorrido tiendas especializadas por todo Madrid, pero nadie sabe dar con lo que quiero. Y hoy, al levantarme, lo he olido. La almohada, mi pelo, las sábanas, no sabría decir. He ido al baño y he abierto su armario. Tres gotas del perfume que le regalé en Navidad. Sobre él, tres gotas más de la marca que lleva conmigo desde los quince años. Después he ido al bolso. He sacado un frasquito diminuto que me regaló la dependienta. Que lo pruebe primero, y después me dices. Cómo explicarle que a un amante no se le llevan esencias para que pruebe, que hay que arriesgar en el regalo. Y ahora sí, las tres gotas del perfume prohibido y por fin el olor que llevo años buscando.

Nostalgia Por Miguel

Me detuve y olfateé a mi alrededor. Como un sabueso. Debía ser él, el tipo que miraba el expositor de corbatas. Me puse a rebuscar entre un montón de carteras de bolsillo, mirando de reojo. El hombre dejó las corbatas y se dirigió a las escaleras mecánicas del centro comercial. Le seguí y en las escaleras me situé en el escalón contiguo al suyo. Mientras bajábamos volví a oler su perfume, aspirándolo como un drogata, imposible resistirse. En el segundo tramo el hombre pareció notar algo raro, y descendió un escalón más, alejándose de mí, aunque no lo suficiente para impedirme disfrutar de su olor. Luego dejé de seguirle y le perdí de vista.

Mónica usaba colonia de hombre, no recuerdo la marca. La última vez que había estado en casa también había sido la última que nos habíamos visto y aquel día, por la mañana, antes de que le acompañase a la estación, había notado que olvidaba deliberadamente su frasco de colonia en mi armario del baño. “Llévatelo —le dije—. Yo no la voy a usar”. Pero ella sonrió y me dijo que apenas quedaba. “Déjala ahí, no te preocupes”. Sabíamos que aquella era la última vez que nos íbamos a ver como amantes, así que no entendía el motivo de aquel abandono. Al volver a casa había cambiado el frasco de sitio, lo había enterrado en el botiquín.

Salí del Corte Inglés y regresé a casa. Una vez allí abrí la caja de las medicinas. En una esquina estaba el frasco. Lo abrí y me eché un poco de colonia en el cuello. Había perdido su frescura pero el olor era ese. De pronto la añoraba tanto.



 

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