Taxi
Por Esperanza
Madrid es un caos circulatorio. Hace tiempo que decidí aparcar mi coche y moverme en taxi por la ciudad. Ya me siento en ellos como en el salón de mi casa y aprovecho si el trayecto es largo para leer, tomar notas. A veces retoco el maquillaje y una vez recuerdo que me pinté las uñas pese a la cara de desagrado del taxista. Prefiero los que llevan emisora porque el conductor va atento a los avisos y no suele darme conversación. Ayer mismo cogí uno para llegar a la Cruz Roja. Es la otra punta de Madrid pero no iba provista de libro, ni cuaderno, ni nada que me entretuviera. La voz de la emisora pedía taxis para gente que, como yo, decidió aparcar su coche.
-Algún coche que finalice o próximo a Cuatro Caminos.
Mi conductor contestó a la llamada dando la dirección a la que yo iba.
-Finalizando en calle Juan Montalvo, ¿ninguno mejor para Cuatro Caminos?
Corto silencio.
-287, Glorieta de Cuatro Caminos, 3. Pregunte en recepción por el señor Indalecio Carrancos. Es para el aeropuerto.
Me quedé muda. ¿Cuántos Indalecio Carrancos puede haber? ¿No es curioso que sea un taxi el que me traiga tu recuerdo?
Cosas que olvidé en un taxi
Por Miguel
No suelo viajar demasiado en taxi pero casi siempre que lo hago, me olvido alguna cosa al salir.
Una vez olvidé un paraguas. Nunca había usado, así que me compré uno barato, aunque muy aparente, con su mango de madera de raíz. Al bajar del taxi ya no llovía así que tardé varios días en darme cuenta de su falta.
Otra ocasión fue aquella pluma que acabábamos de comprar en un anticuario. El paquete, primorosamente envuelto en papel de color negro, con una cinta plateada alrededor, se quedó en el asiento. Entonces aún tenía la ilusión de ser escritor.
La última vez me olvidé de ti y descubrí que ya no te necesitaba.