Porcelana china
Por Esperanza
Se esforzó desde niña para conseguir que aquellos diecisiete platos de porcelana china giraran sobre palillos blancos de metal. Siempre caía alguno. La porcelana resbalaba sobre el metal y el plato golpeaba contra su cuerpo, produciéndole una pequeña herida o un moratón, en el mejor de los casos. Ideó, tras muchos intentos, un sistema nuevo. Pegó cuidadosamente una tiza en el extremo de cada varilla para asegurar mayor adherencia.
La noche de su estreno ante el gran público se vistió con un traje azul celeste y salió a la pista. Cuando los platos empezaron a caer sobre ella, cogió un palo en cada mano y empezó a garabatear con la tiza en el suelo. Al acabar su dibujo, se escuchó una ovación bajo la carpa.
Malabares
Por Miguel
Sobre un suelo de imanes se había empeñado en hacer sus juegos malabares. Lanzaba las bolas, pequeños rodamientos de metal, en la dirección adecuada pero estas seguían curvas imposibles, traspasando sus manos al caer, directas al suelo la mayoría de las veces. No se puede decir que no lo intentase.
Hacían un ruido seco al tocar el suelo y luego apenas rodaban, breves. Un segundo. Sonoros fracasos, uno tras otro.
El día de su redención salió tras él la chica nueva, vestida con un traje largo azul celeste. Diecisiete platos de porcelana girando sobre palillos blancos de metal. El final fue lo mejor: tiró todos los platos al suelo y utilizando uno de los palillos, hizo un dibujo sobre el que llovieron pétalos de rosa rojos. Ese día por fin entendió lo equivocado que estaba.