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miércoles, 17. diciembre 2003

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Feliz cumpleaños, Berna

Hada por Esperanza

Nunca quiso ser hada. Decía siempre que había nacido allí por accidente.

-Si tú no fueses hada, ¿qué te gustaría ser? -Hada –le contestaban todas.

Pero ella era diferente. Durante años pasó de un trabajo a otro sin encontrar su sitio.

Para las hadas no hay jubilación ni bajas. Pero hasta las grandes hadas azules empezaron a preocuparse por su falta de ilusión. En último intento por rescatarla, le asignaron el árbol de los membrillos morados. Estaba en el centro del jardín de la biblioteca y la pequeña se colaba de vez en cuando por las ventanas del edificio para coger algún libro y leerlo mientras vigilaba el Membrillo de los Deseos. Durante años cuidó de aquel árbol, lo regó con mimo, retiró las hojas mustias y le fue contando los cuentos que cogía de la biblioteca.

-Hoy te contaré el cuento de la princesa de las largas trenzas. ¿No te gustaría ser una princesa? -Mira, Membrillo, hoy he traído la cerillera. ¿Qué soñarías tú con cada cerilla?

Pasaron los días, los meses, los años. Una tarde, se sentó al cobijo de su mudo amigo a contarle el cuento de la niña que cargaba la mochila de piedras.

-Ojalá yo fuera esa niña, Membrillo. Ojalá pudiera ser humana y elegir mis propias piedras.

Con las últimas luces del día terminó de leer el cuento y se recostó bajo el árbol.

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-Mira, mamá, hay un cestito debajo del árbol.

La madre se acercó y destapó la cesta. Una niña pequeña, de pelo negro, cara de luna llena y ojos rasgados sonrió bajo las mantas.

-¿Qué es, mamá, qué hay dentro? -Tu hermana, cariño, es tu hermana. Los Reyes Magos nos adelantado el regalo unas semanas. -¿Y cómo se llama? -¿Tú cómo quieres que se llame?

Es un hada por Miguel

De pequeña soñaba que era un hada y siempre revoloteaba a mi alrededor, convirtiéndome con su varita mágica en príncipe y en dragón, en hermano y hermana. Hasta que un día decidió que era mayor para esas tonterías y ya no quería verme porque le recordaba cuando era una niña tonta. Su héroe amargo. Se hizo mayor de verdad, compartió su vida con otras personas y luego no.

Hoy es su cumpleaños, así que me he acercado hasta su casa y le he dejado una felicitación por debajo de la puerta. Luego me he escondido junto al manzano del jardín, y cuando he oído ruido, espiando por la ventana de la cocina la he visto recoger la carta. La ha dejado sobre la mesa y ha desaparecido durante un par de minutos. Al regresar llevaba la varita mágica en la mano. La varita de nuestra infancia. La ha agitado encima del sobre y luego ha leído mi felicitación.



 

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