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miguel, 20 de noviembre de 2003, 17:39:51 CET
Compro cordura
por Esperanza
Leo los anuncios por palabras con curiosidad infantil. Me gusta imaginar el piso de cuatro dormitorios y la moto de segunda mano pero en perfecto estado. A veces, incluso, llamo a alguno de esos teléfonos solo por el placer de agrandar mi fantasía.
“Compro cordura a quien pueda venderla. Pago bien. Preguntar por Anselmo.”
Si algo me sobra es cordura. Yo podría vendérsela a Anselmo. Que será, a buen seguro, un tipo interesante. Alguien que ha vivido tanto y ha visto tanto. No yo, que no he visto más allá de la gasolinera. No he salido del pueblo. Bueno, fui a la boda del primo Natalio a Corredillas. Y eso son unos 50 Km. Seguro que Anselmo no ha ido a Corredillas. Claro, ¿qué se le ha perdido a alguien que ha visto tantos lugares en un pueblo como Corredillas, que no tiene ni supermercado? No es que me haga falta salir, no. Pero Anselmo tiene tantas historias que contar… No sé de qué vamos a hablar. ¿De mis cursos por correspondencia? ¿De las películas que llegan al cine de la plaza con dos meses de retraso? Y lo bien que le sienta esa barba a medio afeitar. Es lo que pasa cuando corres aventuras. Que ni tiempo para afeitarse queda. Yo me ocuparía de sus cosas, porque él es un desastre. Claro, ¿cuándo se ha visto que Indiana Jones se planche las camisas?
¿Le gustará a Anselmo el vestido de flores que me trajo la tía Elvira? Tal vez deba ponerme algo más moderno. Pero pantalones no. Es el tipo de hombre al que le gustan las mujeres, mujeres. Las veo pasar por la calle de la Plaza y el caso es que a ellas les queda bien. Pero yo pantalones no me pongo, diga Anselmo lo que diga. Que luego los hombres se meten en las cosas que son nuestras y se pierde el sentido. He visto a Lucía, la hija de Manolo, que se viste como le dice su Pepe y hasta deja que él elija los zapatos que hacen juego con tal o cual traje. Vienen estos hombres que se las dan de modernos, que presumen de haber visto mucho mundo y nos hacen a nosotras chiquitas. Y no siempre es verdad lo que dicen porque algunos cuentan y no acaban, pero luego no han salido de Burgos. Y este Anselmo, mucho mundo, mucho mundo, pero tiene que poner anuncios en el periódico. Que digo yo que si fuera tan corrido, no le haría falta. Además, comprar cordura… seguro que es un loco. ¿Quién va a comprar cordura? Tal vez cree que con eso de “pago bien” se me van a hacer los ojos grandes y las tragaderas enormes. ¡Quién se cree que es! Menos mal que a mí no me engaña, que no habré salido del pueblo pero tonta no soy. Pues no, prueba con otra, Anselmo, que a servidora no la engañas.
Tres dormitorios, exterior, muy luminoso. 112 metros.
Compro cordura
por Miguel
Lo han publicado. “Compro cordura a quien pueda venderla. Pago bien. Preguntar por Anselmo.”. Joder, a ver si me llama alguien, ¿qué le digo? ¿Qué fue una pataleta, que estaba de mal humor? Si solo tengo que dejar que pase el tiempo, en dos días ya no me acordaré. Es que ayer estaba muy quemado, muy quemado. La reestructuración no ha podido ser peor. Mi nombre estaba en las quinielas y al final todos me han pasado por delante y me he quedado con cara de gilipollas. Llevo cinco años haciéndolo de puta madre, abriendo cada puerta. Detrás había otra. Me esfuerzo y logro abrirlas. Unas cuantas. Y cuando consigo abrirlas todas, que ya puedo ver una estancia amplia y me invitan a pasar, cuando voy a dar el paso se cierran todas, una a una. La puerta en las narices. Un gilipollas con la nariz roja. Encima lo han hecho todo mal, menuda reestructuración de mierda.
Y mientras Emilio me contaba las novedades, porque el jefe no podía decírmelo en persona, me tengo que enterar por terceros, llama Paz. Que ha visto un anuncio en el periódico de un piso y ha llamado. Joder, una hipoteca es lo que necesitamos ahora, si no llegamos a final de mes. “Ya lo hablaremos en casa” –le dije. Pues vaya si hablamos, un monólogo el suyo. Al final nos meteremos en ese lío, ya verás.
El caso es que por la noche, solo en el salón (y Paz en la cama, de una hostia que no veas), se me ocurre poner ese anuncio. Me pareció buena idea, al menos me fui a dormir tranquilo. Lo han publicado, “Compro cordura”. Suena bien, pero menuda estupidez que hice anoche. ¿Lo leerá alguien? Lo mismo ligo, vete a saber. Lo que me faltaba, más problemas. En fin, si en el fondo ya sé lo que tendría que hacer. Dejarlo todo e irme a vivir al pueblo, sin preocupaciones ni estrés, sin tener que ponerme traje y corbata, afeitarme a diario, el dichoso puente aéreo, los atascos de la mañana para llegar a Getafe. Y buscar una mujer sencilla, que no se llame Paz, qué contrasentido.
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