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viernes, 10. octubre 2003

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Un día cualquiera


Un día cualquiera, por Miguel

Acabo de sentarme y ya está aquí la bruja. Qué mala suerte. Como si no tuviese ya suficiente. Había tenido que llevar a Ana al aeropuerto temprano y al volver no hubo forma de aparcar el coche. Llevo casi una hora dando vueltas y justo ahora que decido dejarlo en segunda fila mientras tomo un café aparece. Seguro que me suelta el rollo. Ah, aquí viene mi desayuno.

  • Mírale, que bien está, aquí en la terracita tomando el sol mientras su mujer va a hacer la compra. No, si… vaya como viven algunos.

Ya, te da igual que no haya desayunado y que si no tomo algo dulce me va a dar un ataque. Como si no lo supieses solo con mirarme. Cuando tiemblo y me sudan las manos. Pero te da igual mi hipoglucemia.

  • ¿Pero qué hace el coche en medio de la calle? Pero Juan, ¿cómo has dejado el coche ahí? ¿Pero estás atontado?

Joer, no puede pegar más voces la tía. A ella qué le importa donde he dejado el coche. Soy yo el que se ha tirado una hora dando vueltas, que estoy harto. Y a punto de desmayarme. A ver si se marcha rápido que necesito comer ese donut. Además, para eso estoy aquí en la terraza, para vigilar por si viene un policía.

  • Pero deja de mirarme con esa cara de tonto. Que pareces gilipollas. Y di algo, podías contestar.

Lo soporto por la niña, pero Ana cualquier día se marcha de casa. Yo ya estoy jubilado, no tengo porqué aguantar esto. Se pasa todo el día insultandome, no importa si hay alguien delante. Pero no, yo no me voy a poner a su altura. No pienso contestarla. No pienso abrir la boca.

  • Claro, el señorito está muy cómodo ahí, tomando el sol, no le preocupa nada. Todo le da igual, solo piensa en sí mismo. Pero tú sigue, no te inmutes, vacía los dos sobres de azúcar en el café. Si total, solo es tu mujer la que está hablando.

Estupendo, grita más, si la gente está encantada con el numerito. La verdad, yo no te aguanto ni tú me aguantas a mí.. No sé que hacemos juntos.

  • Deja de mirarme con esa sonrisa estúpida y dime algo, que pareces subnormal.

¿Yo sonreír? De eso nada. Te lo parecerá pero yo no sonrío.

Entonces Juan se quitó la dentadura postiza y la dejó caer en el vaso del café, un café con la sonrisa ladeada.

Un día cualquiera, por Esperanza

Sabía yo que me lo encontraba en el bar. Él con decir que está jubilado, tiene bastante. Y mira que le dije que me iba con él al aeropuerto. Sabía yo…

- Mírale, que bien está, aquí en la terracita tomando el sol mientras su mujer va a hacer la compra. No, si… vaya como viven algunos.

Y claro, le aguanto porque está la niña, si no de qué. Pero se irá, mi Ana se irá pronto. Qué vería yo en este hombre. Incapaz de mover el culo de la silla. Con el coche en mitad de la calle como si no fuese suyo. Y luego dirá que la multa es injusta. Pero me voy. En cuanto mi Ana se vaya, le dejo. Que una aún está de buen ver y míralo a él, viejo, arrugado, fofo. Yo podría haber tenido al que hubiera querido. Y todavía hoy,… pero he sacrificado mi vida al lado de semejante elemento. Si parece que está lelo, con esa sonrisita de medio lado. Me decía mi madre que era tonto. Y vaya si lo era. Mi madre, la pobre, que en la gloria de Dios esté, cuánto sabía de hombres. Dos sobres de azúcar, claro. Así le ha ido. Si me lo dicen todos, hay que ver cómo se ha puesto Juan. Dice él que es la hipoglucemia esa. A mí me la va a dar. Odio que haga como que no me ve.

- Pero deja de mirarme con esa cara de tonto. Que pareces gilipollas. Y di algo, podías contestar.

Es increíble. Todo el bar me mira ya. Luego me dice que parezco una verdulera. ¡No tiene sangre! Lo parieron entre horchata y todo le importa un pito. Pero no le paso otra. Hoy me va a oír cuando lleguemos a casa. Le hago la maleta y se la pongo en la calle, no le aguanto más.

Entonces Juan se quitó la dentadura postiza y la dejó caer en el vaso del café, un café con la sonrisa ladeada.



 

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