Una buena noticia
Por Miguel
"Ayer hizo 52 años que me quedé viudo". Eso es lo que le oí decir. Te esperaba sentado en un banco de la plaza de San Miguel, disfrutando de los suaves rayos de sol primaveral. Me habías llamado a la oficina para decirme que por fin habíamos vendido nuestro antiguo piso, que la hipoteca ya no nos asfixiaría, y habíamos quedado para comer juntos.
Mientras esperaba, a mi lado pasaron tres ancianos: una pareja que iba del brazo y un amigo que les iba contando algo, gesticulando con el brazo derecho. Solo alcancé a escuchar esa frase, pero me dejó sorprendido al principio, pensativo después. "Ayer hizo 52 años que me quedé viudo". El hombre era mayor pero no aparentaba serlo tanto. ¿Cuantos años tendría? ¿Setenta y muchos? ¿Más de ochenta?
Y mientras te veía aparecer, bajando por la calle Sacramento, hice una rápida cuenta: era prácticamente imposible que yo pudiese llegar a decir lo mismo que aquél anciano, no contaba con que mi esperanza de vida se alargara tanto.
Me puse de pie y cuando estuviste a mi lado nos dimos un beso y abrazados por la cintura nos acercamos al restaurante. Al entrar, mientras sujetaba la puerta para que pasases, me comentaste: "por fin nos salen los números".
Te respondí con una sonrisa, pero en realidad, estaba pensando que por suerte, precisamente los números que yo estaba echando, esos, me alegraba de que no salieran.
Una buena noticia
Por Esperanza
He creado una empresa nueva y me he enfrascado en tantas movidas que necesitaría que los días tuvieran 48 horas. Y ni aun así.
Pero hoy, sí, tengo que celebrarlo.
Después de tantos años colgando unas camisas sobre otras, esta mañana he encontrado un montón de perchas libres en el armario. Ya no tendré que cambiar el cabezal del cepillo de dientes cada mañana porque ahora, al fin, es solo mío. Esta noche podré disfrutar del metro y medio de cama sin pelear por la almohada ni tener que aguantar esos besos que, dormido, me dabas a media noche. No volveré a sufrir tu manía de taparme los pies con una sábana cuando me quedo dormida en el sofá ni volverás a programar mi despertador cuando yo lo olvide.
Hoy, al fin, te has ido.