Buenas noticias
Por Miguel
Hace unos días se me cayó al suelo el espejito del baño, rompiéndose en mil pedazos y desde entonces han sucedido algunas cosas. Me han ascendido, tengo un sueldo decente, pero ahora nunca sé a qué hora llegaré a casa. Las responsabilidades me aprisionan y cuando lo olvido, el montón de papeles se encarga de recordármelo.
Además, mi mujer ha vuelto a casa. Está dispuesta a intentarlo de nuevo, dice que es algo de dos y me pide un esfuerzo. Pero ni siquiera sé qué hice mal la vez anterior, ni qué tengo que hacer bien esta.
Mi madre ha salido bien de su operación, es como un milagro aunque probablemente se quede en una silla de ruedas. No obstante, las secuelas son duras: tendré que llevarla a rehabilitación durante al menos seis meses. Ella no deja que nadie más lo haga, después del accidente de coche se niega a subir a ninguno salvo que conduzca yo.
Y lo que me atemoriza es que aún pueden venir un montón de buenas noticias.
Malas noticias
Por Esperanza
Hoy he recogido los trozos de un espejo roto en el baño. Me he cortado en la mano y he tenido que ir a urgencias. En la sala de espera me he encontrado con un antiguo compañero que me ha ofrecido un trabajo.
A la vuelta, en su coche, un kamikaze ha ocupado nuestro carril y le ha obligado a dar un volantazo. Hemos chocado con la mediana de cemento y una ambulancia nos ha llevado de vuelta a urgencias. Mi bolso seguía en la sala de espera, justo donde lo había dejado unas horas antes.
Desde el hospital han llamado a mi ex-marido y se ha presentado allí en menos de media hora. Me he acordado tanto de ti, me ha dicho. Le he contestado que, con el golpe, había olvidado todo. Ahora aprieta mi mano y yo le prometo no recuperar la memoria.
Pero tengo miedo. Son demasiadas malas noticias para un momento.