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miguel, domingo, 4. marzo 2007, 17:16
Inevitable
Por Miguel
Tomamos café en la cocina. Tú lo acompañas con galletas dietéticas, yo con galletas de dinosaurios, de los niños.
—¿Quieres que les vuelva a llevar mañana al colegio?
—No, Miguel. Puedes hacerlo cuando quieras, venir cuando quieras. Pero ahora al principio, preferiría que hicieses lo convenido. Un fin de semana sí y otro no. Hasta que pase un tiempo.
—Vale.
Mordisqueo la cabeza de un diplodocus.
—Lo digo por ellos, más que nada —insisto.
Isa levanta una ceja y me mira fijamente, dando a entender que todo esto ya lo hemos hablado. Así que yo miro mi café, mojo la galleta y me la zampo de un bocado.
Isa cruza los brazos y los apoya en la mesa. Me mira mientras como y sonríe.
—¿Qué? —pregunto.
—Estaba recordando la primera vez que desayunamos juntos. Sigues comiendo como un niño, mojando las galletas más de la cuenta, metiéndotelas en la boca a toda prisa.
—Soy un niño. Hago las cosas sin pensar y a veces meto la pata.
—Sí, demasiado a menudo.
—A los niños siempre les has perdonado los castigos.
—Y a ti. Siempre te he perdonado —dices, cogiendo mi mano—. No tiene nada que ver. Es algo inevitable.
En la radio, suena una canción de los Piratas. El cantante dice "Inevitable significa que no se puede parar". Desearía que la radio estuviera apagada. La canción ha puesto la palabra en tu boca. Se hace el silencio entre nosotros, y eso empeora las cosas. “quiero que te des cuenta que es imposible parar algo inevitable”.
Acaricias mi mano, la aprietas suavemente. Dices que me tengo que ir.
—Oye, tienes que irte. Vas a llegar tarde.
Hago una mueca que intenta parecer una sonrisa. Creo que ella no quiere que me vaya. No me refiero a ese momento, no quiere que me vaya de casa aunque es ella la que lo ha decidido. Y quizá yo no he hecho lo suficiente para convencerla, para hacerle ver que en realidad no lo quiere.
Nos levantamos. Voy a abrazarla, darle una caricia en el cuello, decirle que estamos haciendo una tontería. Pero ella adivina mis intenciones y me esquiva. Ahora que lo iba a lograr.
Me doy la vuelta y cojo el móvil. Tenemos el mismo modelo, los compramos a la vez, con un único contrato. Deliberadamente he cogido el de Isa. Nos despedimos en la puerta. Cae una lluvia fina. Subo al coche, conduzco una manzana y tuerzo a la derecha. En cuanto estoy fuera de su vista, detengo el coche y saco el móvil del bolsillo. Miro los mensajes recibidos, los enviados, las llamadas perdidas. Nada, ninguna pista.
Y me quedo allí, sentado en el coche, mirando el móvil, sin saber qué hacer, mirando el limpiaparabrisas recorrer el cristal una y otra vez. Encima no puedo quitarme de la cabeza la cancioncilla esa.
“Inevitable, ahora que lo iba a lograr”.
Evitable
Por Esperanza
Papá y mamá creen que van a separarse. Hace dos semanas que papá no duerme en casa pero la llama todas las noches. Ayer mismo oí desde el pasillo que ella le decía que podía venir a desayunar. Yo no tenía que estar en el pasillo y no pude decir nada, que luego mamá me regaña por cotilla. Por eso tampoco digo nada cuando llama Roberto y mamá le dice que necesita más tiempo, para que no se enfade conmigo ni me llame cotilla. Pero ayer no llamó.
Me he levantado pronto y he sacado las galletas de dinosaurios porque sé que a papá le encantan. Les muerde la cabeza y pelea con los dientes apretados. Por el borde de la boca se le escapa una gota de leche y mamá siempre le regaña y le dice “Miguel, coño, que parece un crío”. Pero se ríe porque a ella le gusta papá y a papá le gustan los dinosaurios. Si mamá fuese un dinosaurio no le mordería la cabeza. Le gusta mamá entera, con cabeza y todo.
Mientras desayunaban en la cocina papá me ha dejado su móvil para jugar a las bolas. Me encanta explotar bolas de colores y que toda la pantalla se quede limpia, como antes de empezar. Pero al final aparecen bolas y más bolas y no me da tiempo a explotarlas. Entonces me enfado y cambio de juego. A veces, cuando quiero salir de la pantalla de bolas le doy al botón equivocado y me salen los mensajes. Con el de mamá también me pasa porque son iguales. Los de Roberto los borro siempre y luego mamá se enfada y me dice que no me dejará más su teléfono pero siempre me perdona. Y eso que ella no sabe que ayer contesté a uno antes de borrarlo. No sé escribir muy bien así es que solo puse “no me llames más. Miguel vuelve a casa”. Y puse mucho cuidado en las faltas y en poner Miguel con mayúscula.
Yo también le arranco la cabeza a los dinosaurios antes de comérmelos. Papá me enseñó a hacerlo.
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