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miguel, viernes, 13. octubre 2006, 21:57
Al despertar esta mañana
Por Miguel
Al despertar esta mañana noté la mejilla húmeda. A mi lado, un perro jadeaba, echándome el aliento en la cara. Puso una pata en mi pecho y volvió a lamerme la cara.
-Bony -le dije- apartate. No me chupes.
Recordaba su nombre, con lo despistado que soy. Me lo había dicho Natalia anoche, al entrar en su casa. Nata, como le gustaba que le llamasen. También recordaba su nombre, con lo despistado que soy. Me incorporé en la cama y empujé a Bony, que se lanzó contra mi mano, jugando. Tiré de su pata trasera y Bony se cayó de lado. Y mientras lo sujetaba boca arriba agarré su hocico, haciéndole de rabiar. Nunca me gustaron las mascotas pero este perro me caía bien. En ese momento Nata salió del baño, envuelta en una toalla, el cabello mojado.
-Bony, deja a Miguel. Ven aquí.
Bony saltó de la cama y se fue con Nata, tirando de su toalla. Entraron en la cocina y en unos segundos escuché el sonido de las bolitas de pienso cayendo en el cuenco. Miré a mi alrededor, el pequeño apartamento ordenado, la luz que entraba por las ventanas de bajocubierta y que iluminaban la habitación. Nata se asomó, apoyándose en el marco de la puerta.
-Estoy haciendo café y tostadas.
Estaba coqueteando, su pierna asomando por la abertura de la toalla. Se acercó, me besó los labios. Luego se fue al baño y salió en unos segundos, con un albornoz.
-Las tostadas, que no se quemen.
Y justo en ese momento, sentí un pinchazo de pánico. Esa angustia de estar viviendo un momento irreal. Esa sensación de que en cualquier momento algo iba a suceder, a estropearlo todo. Me vestí a toda prisa y salí huyendo de aquello que casi parecía un hogar, un sitio donde pasar el resto de mi vida.
Bony
Por esperanza
Me he despertado temprano y Bony no ha venido a lamerme. Hace tres años que vive conmigo y nunca ha faltado a esa cita que al principio, lo reconozco, me repugnaba bastante. No estaba en el baño ni en la cocina, no ha venido ni siquiera cuando he vertido sus bolitas de pienso en el cuenco de metal. Entonces lo he visto, desde la ventana, paseando por la acera con Miguel, ese tipo que conocí anoche en el Pentagrama y que se empeña en llamarme Nata. ¿Acaso yo le digo a él pastelito?
Bony iba saltando a su alrededor, tratando de mordisquear la correa que llevaba en la mano y, vistos desde lejos, parecían un buen equipo. Nunca me gustó pasear al perro por las mañanas y a él no parece importarle. Van caminando hacia la esquina de la panadería, donde preparan esos pasteles rellenos que me vuelven loca. Y entonces lo he visto claro. Eso es lo que yo necesito: un hombre que me pasee al perro y me traiga pasteles por la mañana.
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