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    <title>Secretos de Familia</title>
    <link>http://miguel.antville.org/</link>
    <description>blog de intromisiones</description>
    <language>es</language>
    <pubDate>Sun, 07 Sep 2008 21:45:30 GMT</pubDate>
    <dc:date>2008-09-07T21:45:30Z</dc:date>
    <dc:language>es</dc:language>
    <item>
      <link>http://miguel.antville.org/stories/1601717/</link>
      <description>&lt;p align=justify&gt;&lt;b&gt;Bony y Clyde &lt;/b&gt;&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;Por Esperanza&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando digo que Bony y Clyde son azules, quiero decir azules. No ese negro brillante de otros perros que en las tiendas se empe&amp;ntilde;an en llamar azul, no. Mis perros son tan azules como la pintura mate de mi coche, como la pared azul del sal&amp;oacute;n, como un anuncio de telef&amp;oacute;nica. Azules. Y el caso es que aquella ni&amp;ntilde;a de la tienda me avis&amp;oacute;, pero qui&amp;eacute;n le hace caso a una cr&amp;iacute;a con coletas que chupa un caramelo y que juega a volar sobre una vieja escoba. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;#8211;Se te pondr&amp;aacute; la tripa azul &amp;#8211;le dije cuando vi el color de su piruleta. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ella me sac&amp;oacute; la lengua, te&amp;ntilde;ida por el caramelo, y me dijo:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;#8211;Azul te vas a poner t&amp;uacute; cuando crezcan los perros que acabas de comprar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y agit&amp;oacute; una varita mientras lo dec&amp;iacute;a. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y eran blancos. Bony y Clyde eran blancos ese d&amp;iacute;a. Pero a la ma&amp;ntilde;ana siguiente parec&amp;iacute;a que les hubiera ca&amp;iacute;do un bote de titanlux encima. Ahora temo que crezcan porque ella dijo &amp;#8220;te vas a poner azul&amp;#8221; y no se refer&amp;iacute;a a los perros.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;b&gt;Cambios&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;Por Miguel&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Te segu&amp;iacute; la corriente aunque ya estaba enterada de todo. Eso de que te ibas a comer con un compa&amp;ntilde;ero del curro ya no me lo tragaba, sab&amp;iacute;a lo de tu l&amp;iacute;o con esa chica de veintitantos. Os hab&amp;iacute;a visto casualmente hac&amp;iacute;a unos d&amp;iacute;as aunque ya lo supon&amp;iacute;a hac&amp;iacute;a tiempo: te hab&amp;iacute;as dejado patillas de nuevo, hab&amp;iacute;as cambiado de gafas por un modelo muy moderno, hasta tu ropa interior hab&amp;iacute;a cambiado, ya no era el boxer de siempre sino unos calzoncillos de Lycra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero esta tarde te lo iba a poner dif&amp;iacute;cil. A tu vuelta te sentir&amp;iacute;as como si solo hubieras ido a por tabaco. Ten&amp;iacute;a preparado el tinte azul, del mismo tono que usa tu ligue, para te&amp;ntilde;ir al perro. Tu "West Highland White Terrier", del mejor criador, pedigr&amp;iacute; excelente. A Violeta solo pensaba ponerle un par de coletas, justo como las que llevaba ella aquel d&amp;iacute;a, cortitas, con una goma de distinto color en cada coleta. Yo por supuesto no planeaba te&amp;ntilde;irme ni peinarme. Me sentar&amp;iacute;a en el sof&amp;aacute; con una copa de vino a esperar que regresaras, impaciente por ver tu cara.&lt;/p&gt;</description>
      <pubDate>Tue, 27 Mar 2007 21:20:49 GMT</pubDate>
      <guid>http://miguel.antville.org/stories/1601717/</guid>
      <dc:creator>miguel</dc:creator>
      <dc:date>2007-03-27T21:20:49Z</dc:date>
    </item>
    <item>
      <link>http://miguel.antville.org/stories/1585973/</link>
      <description>&lt;p align=justify&gt;
&lt;b&gt;Amenaza de explosi&amp;oacute;n&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;Por Miguel&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;#8212;Se&amp;ntilde;ora, &amp;iquest;me puede mostrar el contenido de su bolso?&lt;br /&gt;
&amp;#8212;Mam&amp;aacute;, ens&amp;eacute;&amp;ntilde;ale al polic&amp;iacute;a lo que llevas en tu bolso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La se&amp;ntilde;ora Rosario hab&amp;iacute;a recogido con desconfianza su bolso, que acababa de pasar por el scanner y lo llevaba abrazado al cuerpo. Mir&amp;oacute; a su hija, pos&amp;oacute; el bolso encima de la mesa y empez&amp;oacute; a vaciarlo. Lo primero que sac&amp;oacute; fue un brick de leche.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;#8212;Se&amp;ntilde;ora, va a tener que dejar eso aqu&amp;iacute;.&lt;br /&gt;
&amp;#8212;&amp;iquest;Por qu&amp;eacute;? &amp;#8212;pregunt&amp;oacute; la se&amp;ntilde;ora Rosario con cierta angustia.&lt;br /&gt;
&amp;#8212;Mam&amp;aacute;, &amp;iquest;para que llevas esa leche? &amp;#8212;pregunt&amp;oacute; su hija.&lt;br /&gt;
&amp;#8212;Ver&amp;aacute; &amp;#8212;explic&amp;oacute; el guardia civil&amp;#8212; es por su seguridad. No se pueden llevar l&amp;iacute;quidos en los vuelos.&lt;br /&gt;
&amp;#8212;Pero la leche es sana.&lt;br /&gt;
&amp;#8212;No est&amp;aacute; permitido. Existe una amenaza de explosivos l&amp;iacute;quidos y cualquier cantidad superior a los 100ml no est&amp;aacute; permitida a bordo.&lt;br /&gt;
&amp;#8212;&amp;iquest;La leche? &amp;iquest;Explosiva?&lt;br /&gt;
&amp;#8212;Mam&amp;aacute;. D&amp;eacute;jalo.&lt;br /&gt;
&amp;#8212;Se&amp;ntilde;ora, si en vez de leche el brick llevase explosivo l&amp;iacute;quido podr&amp;iacute;a volar el avi&amp;oacute;n en pleno vuelo.&lt;br /&gt;
&amp;#8212;&amp;iquest;Y por qu&amp;eacute; iba a hacer yo eso? Tengo 75 a&amp;ntilde;os, &amp;iquest;tengo pinta de terrorista?&lt;br /&gt;
&amp;#8212;Mam&amp;aacute;, no necesitas nada. &amp;iquest;Para qu&amp;eacute; llevas la leche?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El guardia civil termin&amp;oacute; de revisar el bolso de la anciana y se dirigi&amp;oacute; a la hija. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;#8212;&amp;iquest;Me muestra el suyo, por favor?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La hija pos&amp;oacute; el bolso y dej&amp;oacute; que el agente hiciese su trabajo. Aprovech&amp;oacute; para colocarse el pelo. Se hab&amp;iacute;a te&amp;ntilde;ido hac&amp;iacute;a unos d&amp;iacute;as y se encontraba muy bien. El tono le rejuvenec&amp;iacute;a, incluso se maquillaba de forma m&amp;aacute;s discreta. Se sent&amp;iacute;a radiante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;#8212;&amp;iquest;Esto qu&amp;eacute; es? &amp;iquest;Le importa que lo abra?&lt;br /&gt;
&amp;#8212;Adelante. Es una flor. Una rosa.&lt;br /&gt;
&amp;#8212;&amp;iquest;Por qu&amp;eacute; llevas esa flor en el bolso? &amp;iquest;No la pod&amp;iacute;as dejar en casa? Al fin y al cabo t&amp;uacute; vuelves ma&amp;ntilde;ana.&lt;br /&gt;
&amp;#8212;Me apeteci&amp;oacute;, mam&amp;aacute;. &amp;iquest;No llevabas t&amp;uacute; un litro de leche?&lt;br /&gt;
&amp;#8212;Nunca se sabe lo que puede pasar. Es mejor ser precavida. &amp;iquest;Qui&amp;eacute;n te regal&amp;oacute; esa flor para que la cuides tanto, tu marido?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El agente envolvi&amp;oacute; de nuevo la flor, la dej&amp;oacute; en el bolso y les hizo una se&amp;ntilde;a para que siguieran.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;#8212;&amp;iquest;Qui&amp;eacute;n te regal&amp;oacute; la flor? &amp;#8212;insisti&amp;oacute; la madre&amp;#8212;. &amp;iquest;Tu marido?&lt;br /&gt;
&amp;#8212;No, &amp;eacute;l no. De eso estoy segura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La madre apret&amp;oacute; el ritmo, caminando un poco por delante de su hija, y farfullando, aunque con el tono suficientemente alto para que lo oyera su hija, dijo indignada:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;#8212;Mi leche, qu&amp;eacute; verg&amp;uuml;enza. No me la han dejado llevar. Y eso que tu flor la ha vuelto a dejar en el bolso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se par&amp;oacute;, mir&amp;oacute; a su hija de arriba abajo y dijo:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;#8212;Esa flor, eso si que.  Eso si que es una amenaza. Y t&amp;uacute; tan contenta. Un peligro, un peligro nuclear.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;b&gt;Llama cuando llegues&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;Por Esperanza&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No me importa trabajar arrastrando un carrito lleno de basura, dos fregonas y una mopa. Lo peor de este trabajo es recorrer una tras otra las salas de espera y ver como todos se van mientras yo me quedo recogiendo lo que dejan atr&amp;aacute;s. A veces tiran comida sin empezar porque las nuevas normas les impiden subirla al avi&amp;oacute;n y yo la recojo y se le dejo a Mar&amp;iacute;a, la anciana que duerme en la puerta del metro. Otras son libros manoseados o revistas que me llevo a casa. Esta ma&amp;ntilde;ana, sobre una mesa de metal de la sala cinco, un tipo alto se dej&amp;oacute; un  tetrabrick de leche sin abrir. Vi c&amp;oacute;mo se daba una ni&amp;ntilde;a antes de pasar el control de pasaportes y c&amp;oacute;mo &amp;eacute;l miraba para todos lados, inc&amp;oacute;modo, buscando d&amp;oacute;nde dejarlo. La ni&amp;ntilde;a le hab&amp;iacute;a dicho que se lo daba para que no le doliera el est&amp;oacute;mago en el viaje, por lo de la &amp;uacute;lcera, y que le ver&amp;iacute;a pronto. Pero a su espalda una mujer aguantaba las l&amp;aacute;grimas con la vista fija en la punta de sus botas. El tipo alto ha pasado el control de pasaportes con su billete de ida en la mano. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Diez minutos antes, en la sala siete, una chica hab&amp;iacute;a dejado olvidada una rosa envuelta en papel transparente. La he recogido y la he puesto en mi carrito junto a una bolsa de patatas fritas que alguien dej&amp;oacute; en la doce. Cuando el tipo alto ha enfilado el pasillo con el litro de leche agarrado apenas con dos dedos, he cruzado el control con la rosa en la mano y he ido hasta donde la ni&amp;ntilde;a dec&amp;iacute;a adi&amp;oacute;s levantando una mano tan peque&amp;ntilde;a que hubiera cabido en una cajetilla de tabaco. Me he acercado y le he dicho:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;#8212;Tu pap&amp;aacute; ha comprado esto para ti en las tiendas de dentro, pero no puede salir a d&amp;aacute;rtelo as&amp;iacute; es que he salido yo por &amp;eacute;l. Dice que te llamar&amp;aacute; en cuanto llegue.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La mujer de las l&amp;aacute;grimas mal contenidas me ha mirado juntando las cejas en una interrogaci&amp;oacute;n invisible. Le he gui&amp;ntilde;ado un ojo y me he dado la vuelta. Despu&amp;eacute;s he vuelto a mi trabajo, a recoger el litro de leche que Mar&amp;aacute; cenar&amp;aacute; esta noche. El tipo alto se ha girado, me ha mirado recogerlo de la mesa met&amp;aacute;lica y ha enfilado el pasillo de embarque. Cuando ense&amp;ntilde;aba el billete y el pasaporte a la azafata me he acercado y le he dicho:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;#8212;Ll&amp;aacute;mala cuando llegues. Y he seguido mi camino hacia la sala nueve.&lt;/p&gt;</description>
      <pubDate>Sun, 04 Mar 2007 18:37:14 GMT</pubDate>
      <guid>http://miguel.antville.org/stories/1585973/</guid>
      <dc:creator>miguel</dc:creator>
      <dc:date>2007-03-04T18:37:14Z</dc:date>
    </item>
    <item>
      <link>http://miguel.antville.org/stories/1585894/</link>
      <description>&lt;p align=justify&gt;&lt;b&gt;Inevitable&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;Por Miguel&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tomamos caf&amp;eacute; en la cocina. T&amp;uacute; lo acompa&amp;ntilde;as con galletas diet&amp;eacute;ticas, yo con galletas de dinosaurios, de los ni&amp;ntilde;os.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;#8212;&amp;iquest;Quieres que les vuelva a llevar ma&amp;ntilde;ana al colegio?&lt;br /&gt;
&amp;#8212;No, Miguel. Puedes hacerlo cuando quieras, venir cuando quieras. Pero ahora al principio, preferir&amp;iacute;a que hicieses lo convenido. Un fin de semana s&amp;iacute; y otro no. Hasta que pase un tiempo.&lt;br /&gt;
&amp;#8212;Vale.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mordisqueo la cabeza de un diplodocus. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;#8212;Lo digo por ellos, m&amp;aacute;s que nada &amp;#8212;insisto. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Isa levanta una ceja y me mira fijamente, dando a entender que todo esto ya lo hemos hablado. As&amp;iacute; que yo miro mi caf&amp;eacute;, mojo la galleta y me la zampo de un bocado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Isa cruza los brazos y los apoya en la mesa.  Me mira mientras como y sonr&amp;iacute;e.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;#8212;&amp;iquest;Qu&amp;eacute;? &amp;#8212;pregunto.&lt;br /&gt;
&amp;#8212;Estaba recordando la primera vez que desayunamos juntos. Sigues comiendo como un ni&amp;ntilde;o, mojando las galletas m&amp;aacute;s de la cuenta, meti&amp;eacute;ndotelas  en la boca a toda prisa. &lt;br /&gt;
&amp;#8212;Soy un ni&amp;ntilde;o. Hago las cosas sin pensar y a veces meto la pata.&lt;br /&gt;
&amp;#8212;S&amp;iacute;, demasiado a menudo.&lt;br /&gt;
&amp;#8212;A los ni&amp;ntilde;os siempre les has perdonado los castigos.&lt;br /&gt;
&amp;#8212;Y a ti. Siempre te he perdonado &amp;#8212;dices, cogiendo mi mano&amp;#8212;. No tiene nada que ver. Es algo inevitable.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la radio, suena una canci&amp;oacute;n de los Piratas. El cantante dice "Inevitable significa que no se puede parar". Desear&amp;iacute;a que la radio estuviera apagada. La canci&amp;oacute;n ha puesto la palabra en tu boca. Se hace el silencio entre nosotros, y eso empeora las cosas. &amp;#8220;quiero que te des cuenta que es imposible parar algo inevitable&amp;#8221;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acaricias mi mano, la aprietas suavemente. Dices que me tengo que ir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;#8212;Oye, tienes que irte. Vas a llegar tarde.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hago una mueca que intenta parecer una sonrisa. Creo que ella no quiere que me vaya. No me refiero a ese momento, no quiere que me vaya de casa aunque es ella la que lo ha decidido. Y quiz&amp;aacute; yo no he hecho lo suficiente para convencerla, para hacerle ver que en realidad no lo quiere.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nos levantamos. Voy a abrazarla, darle una caricia en el cuello, decirle que estamos haciendo una tonter&amp;iacute;a. Pero ella adivina mis intenciones y me esquiva. Ahora que lo iba a lograr.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Me doy la vuelta y cojo el m&amp;oacute;vil. Tenemos el mismo modelo, los compramos a la vez, con un &amp;uacute;nico contrato. Deliberadamente he cogido el de Isa. Nos despedimos en la puerta. Cae una lluvia fina. Subo al coche, conduzco una manzana y tuerzo a la derecha. En cuanto estoy fuera de su vista, detengo el coche y saco el m&amp;oacute;vil del bolsillo. Miro los mensajes recibidos, los enviados, las llamadas perdidas. Nada, ninguna pista. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y me quedo all&amp;iacute;, sentado en el coche, mirando el m&amp;oacute;vil, sin saber qu&amp;eacute; hacer, mirando el limpiaparabrisas recorrer el cristal una y otra vez. Encima no puedo quitarme de la cabeza la cancioncilla esa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;#8220;Inevitable, ahora que lo iba a lograr&amp;#8221;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;b&gt;Evitable&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;Por Esperanza&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pap&amp;aacute; y mam&amp;aacute; creen que van a separarse. Hace dos semanas que pap&amp;aacute; no duerme en casa pero la llama todas las noches. Ayer mismo o&amp;iacute; desde el pasillo que ella le dec&amp;iacute;a que pod&amp;iacute;a venir a desayunar. Yo no ten&amp;iacute;a que estar en el pasillo y no pude decir nada, que luego mam&amp;aacute; me rega&amp;ntilde;a por cotilla. Por eso tampoco digo nada cuando llama Roberto y mam&amp;aacute; le dice que necesita m&amp;aacute;s tiempo, para que no se enfade conmigo ni me llame cotilla. Pero ayer no llam&amp;oacute;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Me he levantado pronto y he sacado las galletas de dinosaurios porque s&amp;eacute; que a pap&amp;aacute; le encantan. Les muerde la cabeza y pelea con los dientes apretados. Por el borde de la boca se le escapa una gota de leche y mam&amp;aacute; siempre le rega&amp;ntilde;a y le dice &amp;#8220;Miguel, co&amp;ntilde;o, que parece un cr&amp;iacute;o&amp;#8221;. Pero se r&amp;iacute;e porque a ella le gusta pap&amp;aacute; y a pap&amp;aacute; le gustan los dinosaurios. Si mam&amp;aacute; fuese un dinosaurio no le morder&amp;iacute;a la cabeza. Le gusta mam&amp;aacute; entera, con cabeza y todo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mientras desayunaban en la cocina pap&amp;aacute; me ha dejado su m&amp;oacute;vil para jugar a las bolas. Me encanta explotar bolas de colores y que toda la pantalla se quede limpia, como antes de empezar. Pero al final aparecen bolas y m&amp;aacute;s bolas y no me da tiempo a explotarlas. Entonces me enfado y cambio de juego. A veces, cuando quiero salir de la pantalla de bolas le doy al bot&amp;oacute;n equivocado y me salen los mensajes. Con el de mam&amp;aacute; tambi&amp;eacute;n me pasa porque son iguales. Los de Roberto los borro siempre y luego mam&amp;aacute; se enfada y me dice que no me dejar&amp;aacute; m&amp;aacute;s su tel&amp;eacute;fono pero siempre me perdona. Y eso que ella no sabe que ayer contest&amp;eacute; a uno antes de borrarlo. No s&amp;eacute; escribir muy bien as&amp;iacute; es que solo puse &amp;#8220;no me llames m&amp;aacute;s. Miguel vuelve a casa&amp;#8221;.  Y puse mucho cuidado en las faltas y en poner Miguel con may&amp;uacute;scula. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo tambi&amp;eacute;n le arranco la cabeza a los dinosaurios antes de com&amp;eacute;rmelos. Pap&amp;aacute; me ense&amp;ntilde;&amp;oacute; a hacerlo.&lt;/p&gt;</description>
      <pubDate>Sun, 04 Mar 2007 16:16:50 GMT</pubDate>
      <guid>http://miguel.antville.org/stories/1585894/</guid>
      <dc:creator>miguel</dc:creator>
      <dc:date>2007-03-04T16:16:50Z</dc:date>
    </item>
    <item>
      <link>http://miguel.antville.org/stories/1490959/</link>
      <description>&lt;p align=justify&gt;
&lt;b&gt;Instantaneas&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;Por Miguel&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al despertar por la ma&amp;ntilde;ana me he encontrado un mont&amp;oacute;n de papeles rotos a mi lado. Est&amp;aacute;n escritos a mano, con una letra que me resulta familiar. Me levanto y me acerco a la puerta, para comprobar que est&amp;aacute; cerrada. Ayer no vino nadie de visita as&amp;iacute; que &amp;iquest;de qui&amp;eacute;n es la nota? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Me preparo un caf&amp;eacute; y todav&amp;iacute;a desnudo me siento en la mesa de la cocina. Es temprano as&amp;iacute; que tengo que encender la luz que hay encima de la mesa. Junto los papeles y empiezo a ordenar las piezas. Cuando acaba leo la frase en voz alta. Esta historia tiene su propia vida por encima de nosotros. Eso dice. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya s&amp;eacute; quienes somos nosotros. A veces abrimos los ojos y nos llegan instant&amp;aacute;neas, pero no sabemos ni la m&amp;iacute;nima parte de lo que sucede a nuestras espaldas. Pasa sin que nos enteremos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;b&gt;Sin enterarnos&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;Por Esperanza&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta ma&amp;ntilde;ana al despertar he encontrado una foto prendida en el espejo de la c&amp;oacute;moda. Sale una mujer que se parece a m&amp;iacute; pero algo mayor, abrazada a un hombre que me recuerda a Jorge, el chico que conoc&amp;iacute; ayer en la cafeter&amp;iacute;a de la facultad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
He ido hasta el ba&amp;ntilde;o y el espejo estaba empa&amp;ntilde;ado, como si alguien acabara de usar la ducha. En el pasillo ol&amp;iacute;a a caf&amp;eacute; y tostadas. He caminado despacio hasta la cocina, tratando de recordar si anoche invit&amp;eacute; a alguien al salir de aquel bar tan ruidoso y entonces el tipo de la foto ha aparecido en calzoncillos, me ha besado y me ha dado los buenos d&amp;iacute;as. De pronto he o&amp;iacute;do un llanto como de beb&amp;eacute; que proced&amp;iacute;a del cuarto de invitados pero no me he atrevido a entrar.&lt;/p&gt;</description>
      <pubDate>Fri, 13 Oct 2006 20:49:03 GMT</pubDate>
      <guid>http://miguel.antville.org/stories/1490959/</guid>
      <dc:creator>miguel</dc:creator>
      <dc:date>2006-10-13T20:49:03Z</dc:date>
    </item>
    <item>
      <link>http://miguel.antville.org/stories/1490942/</link>
      <description>&lt;p align=justify&gt;
&lt;b&gt;Angela&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;Por Miguel&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando me despert&amp;eacute; esta ma&amp;ntilde;ana t&amp;uacute; ya estabas lista para marcharte. Duchada, arreglada, como si lo de anoche no te hubiese afectado. Con esa cara limpia y sin ojeras, tu uniforme inmaculado, sin una arruga.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hab&amp;iacute;as venido a verme tocar con unas amigas que no aguantaron m&amp;aacute;s de dos canciones y se fueron a dormir. Luego me contaste que hab&amp;iacute;as organizado la salida para tener una buena coartada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nos metimos unas rayas en el camerino y yo me tumb&amp;eacute; en el sof&amp;aacute;. &amp;iquest;Te encuentras c&amp;oacute;moda? Y abriste los brazos imitando un avi&amp;oacute;n. Ahora mismo estoy flotando. Y viniste sobre m&amp;iacute;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Verte de uniforme me excit&amp;oacute;. Sab&amp;iacute;a que trabajabas de guarda-jurado pero ahora no parec&amp;iacute;as la misma chica que se quit&amp;oacute; las bragas y se arremang&amp;oacute; la falda, que hizo el amor conmigo en el sof&amp;aacute; mientras el resto de la banda andaba a lo suyo por el camerino. Por la ma&amp;ntilde;ana parec&amp;iacute;as un &amp;aacute;ngel al que no se puede llevar la contraria, dulce pero en&amp;eacute;rgica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Me dijiste que te ibas, que nos ver&amp;iacute;amos esa noche en clase de yoga. Me gui&amp;ntilde;aste un ojo a modo de despedida. Supongo que me hab&amp;iacute;as le&amp;iacute;do el pensamiento y no quer&amp;iacute;as acercarte, arriesgarte a que te echara el guante y no te dejase marchar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y justo cuando ibas a cerrar, te diste la vuelta y me aconsejaste. No te metas en l&amp;iacute;os. Y no vengas por mi supermercado a robar bebida. Tendr&amp;iacute;a mil ojos puestos sobre ti y al menor descuido te detendr&amp;iacute;a.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cerraste la puerta y te fuiste a trabajar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
S&amp;iacute;. Si alguien pod&amp;iacute;a detenerme, sin duda era ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;b&gt;Esa sonrisa&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;Por Esperanza&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al despertar esta ma&amp;ntilde;ana he sentido un dolor espantoso en la cabeza. He intentado abrir los ojos pero se me han clavado mil agujas en los p&amp;aacute;rpados. A oscuras he recordado al tipo de la cazadora verde que entr&amp;oacute; a robar en el supermercado. Desde que lo vi entrar me pareci&amp;oacute; raro, miraba todos los estantes pero no echaba nada en la cesta. Solo al llegar a la zona de las botellas hab&amp;iacute;a cogido una de champ&amp;aacute;n. Entonces se acerc&amp;oacute; a m&amp;iacute;, me puso un cuchillo en el cuello y empez&amp;oacute; a pegar gritos para que todos se echaran al suelo. No llevo pistola porque a&amp;uacute;n no he aprobado el examen pero aunque la hubiera llevado no creo que hubiera hecho nada, no me pagan tanto como para jugarme la vida. Marisa, la cajera, le dio todo lo que hab&amp;iacute;a recaudado y el lo meti&amp;oacute; sin prisas en una bolsa de pl&amp;aacute;stico, junto con la botella, utilizando solo la mano izquierda mientras sujetaba el cuchillo con la derecha. De pronto sent&amp;iacute; menos presi&amp;oacute;n en la garganta y, mientras decid&amp;iacute;a si trataba de pararlo, me golpe&amp;oacute; fuerte en la cabeza y ya no supe m&amp;aacute;s de &amp;eacute;l ni de lo que me rodeaba. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al fin he conseguido abrir los ojos y he visto en la mesilla una copa de champ&amp;aacute;n y sobre la silla la cazadora verde. Me he girado y lo he encontrado durmiendo, a mi lado, con la misma sonrisa que ten&amp;iacute;a en la puerta del supermercado, dos horas despu&amp;eacute;s del atraco, cuando me dijo: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
-Te estaba esperando para disculparme.&lt;/p&gt;</description>
      <pubDate>Fri, 13 Oct 2006 20:20:50 GMT</pubDate>
      <guid>http://miguel.antville.org/stories/1490942/</guid>
      <dc:creator>miguel</dc:creator>
      <dc:date>2006-10-13T20:20:50Z</dc:date>
    </item>
    <item>
      <link>http://miguel.antville.org/stories/1490939/</link>
      <description>&lt;p align=justify&gt;
&lt;b&gt;Radar&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;Por Miguel&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al despertar por la ma&amp;ntilde;ana no estabas a mi lado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tampoco esa noche. Hac&amp;iacute;a ya la n&amp;uacute;mero quince as&amp;iacute; que me deber&amp;iacute;a haber acostumbrado. Te hab&amp;iacute;as largado con un m&amp;uacute;sico, un tipo al que tendr&amp;aacute;s que mantener. Alguien que toma drogas, al que tendr&amp;aacute;s que cuidar para que no se pase demasiado. Alguien que conociste hace dos meses en clase de yoga.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Miro mi pie derecho, que asoma tras la s&amp;aacute;bana revuelta. Si tuviera una etiqueta colgada del dedo gordo no creo que me sintiera muy diferente de que como me encuentro ahora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Me levanto y registro la casa en busca de CD&amp;acute;s pero apenas tenemos m&amp;uacute;sica. Nunca mostraste demasiado inter&amp;eacute;s por ella y ahora sales con un tipo que toca el bajo. Ese instrumento poderoso que retumba, con tanto cuerpo. Quiz&amp;aacute; eso sea una pista.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No s&amp;eacute; mucho de &amp;eacute;l, solo lo que t&amp;uacute; me has contado y en vez de odiarlo, m&amp;aacute;s bien le envidio. Me dijiste que te gustaba por que era callado, observaba a las personas y luego hac&amp;iacute;a canciones sobre ellas. Me gustar&amp;iacute;a conocerle y que hiciese una canci&amp;oacute;n sobre m&amp;iacute;. En el fondo le admiro, interpreta la vida de los dem&amp;aacute;s que vuelven a vivir de nuevo en sus textos. Cada noche est&amp;aacute;n vivos otra vez.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo ir&amp;oacute;nico del caso es que soy controlador a&amp;eacute;reo, alguien que sabe interpretar una pantalla llena de puntos, que detecta problemas al menor indicio, en cuanto un avi&amp;oacute;n sale de la ruta habitual. Yo tambi&amp;eacute;n hago que las personas sigan vivas cada vez que subo a la torre de control. Como en un escenario, hago que los puntos de la pantalla sigan el ritmo, con orden hasta llegar al final de la pista.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero a ti, cari&amp;ntilde;o, a ti nunca supe seguirte, ning&amp;uacute;n indicio de lo que te pod&amp;iacute;a pasar por la cabeza. Sin duda conmigo siempre has volado a ras.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;b&gt;Dos pasos&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;Por Esperanza&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al despertar esta ma&amp;ntilde;ana he o&amp;iacute;do el ruido de un avi&amp;oacute;n. Por un segundo he pensado que estaba en casa, aquel espantoso chal&amp;eacute; que te empe&amp;ntilde;aste en comprar porque nos pillaba cerca del aeropuerto, de tu trabajo. As&amp;iacute; eran siempre las cosas, t&amp;uacute; eleg&amp;iacute;as y yo asent&amp;iacute;a. Como cuando me elegiste a m&amp;iacute; y no tuve oportunidad de opinar: &amp;eacute;ramos novios y se lo contaste a todo el mundo. Yo siempre iba un par de pasos por detr&amp;aacute;s de ti pero entonces conoc&amp;iacute; a Julio. &amp;Eacute;l necesita que me guste la casa y por eso vivimos de alquiler, porque ninguna es suficientemente buena para m&amp;iacute;. Y no le importa que yo gane m&amp;aacute;s que &amp;eacute;l, que pague sus facturas, que tome decisiones. Me da siempre la raz&amp;oacute;n, compone canciones para m&amp;iacute; y no siente celos cuando t&amp;uacute; me llamas para hablar de la venta de la casa.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
-Hoy ha venido otro comprador -me dices. Y yo dejo que t&amp;uacute; decidas si vendemos, esperando, dos pasos por detr&amp;aacute;s, que me pidas que vuelva.&lt;/p&gt;</description>
      <pubDate>Fri, 13 Oct 2006 20:14:18 GMT</pubDate>
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      <dc:creator>miguel</dc:creator>
      <dc:date>2006-10-13T20:14:18Z</dc:date>
    </item>
    <item>
      <link>http://miguel.antville.org/stories/1490931/</link>
      <description>&lt;p align=justify&gt;
&lt;b&gt;Al despertar esta ma&amp;ntilde;ana&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;Por Miguel&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al despertar esta ma&amp;ntilde;ana not&amp;eacute; la mejilla h&amp;uacute;meda. A mi lado, un perro jadeaba, ech&amp;aacute;ndome el aliento en la cara. Puso una pata en mi pecho y volvi&amp;oacute; a lamerme la cara. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
-Bony -le dije- apartate. No me chupes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Recordaba su nombre, con lo despistado que soy. Me lo hab&amp;iacute;a dicho Natalia anoche, al entrar en su casa. Nata, como le gustaba que le llamasen. Tambi&amp;eacute;n recordaba su nombre, con lo despistado que soy. Me incorpor&amp;eacute; en la cama y empuj&amp;eacute; a Bony, que se lanz&amp;oacute; contra mi mano, jugando. Tir&amp;eacute; de su pata trasera y Bony se cay&amp;oacute; de lado. Y mientras lo sujetaba boca arriba agarr&amp;eacute; su hocico, haci&amp;eacute;ndole de rabiar. Nunca me gustaron las mascotas pero este perro me ca&amp;iacute;a bien. En ese momento Nata sali&amp;oacute; del ba&amp;ntilde;o, envuelta en una toalla, el cabello mojado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
-Bony, deja a Miguel. Ven aqu&amp;iacute;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Bony salt&amp;oacute; de la cama y se fue con Nata, tirando de su toalla. Entraron en la cocina y en unos segundos escuch&amp;eacute; el sonido de las bolitas de pienso cayendo en el cuenco. Mir&amp;eacute; a mi alrededor, el peque&amp;ntilde;o apartamento ordenado, la luz que entraba por las ventanas de bajocubierta y que iluminaban la habitaci&amp;oacute;n. Nata se asom&amp;oacute;, apoy&amp;aacute;ndose en el marco de la puerta. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
-Estoy haciendo caf&amp;eacute; y tostadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba coqueteando, su pierna asomando por la abertura de la toalla. Se acerc&amp;oacute;, me bes&amp;oacute; los labios. Luego se fue al ba&amp;ntilde;o y sali&amp;oacute; en unos segundos, con un albornoz. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
-Las tostadas, que no se quemen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y justo en ese momento, sent&amp;iacute; un pinchazo de p&amp;aacute;nico. Esa angustia de estar viviendo un momento irreal. Esa sensaci&amp;oacute;n de que en cualquier momento algo iba a suceder, a estropearlo todo. Me vest&amp;iacute; a toda prisa y sal&amp;iacute; huyendo de aquello que casi parec&amp;iacute;a un hogar, un sitio donde pasar el resto de mi vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;b&gt;Bony&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;Por esperanza&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Me he despertado temprano y Bony no ha venido a lamerme. Hace tres a&amp;ntilde;os que vive conmigo y nunca ha faltado a esa cita que al principio, lo reconozco, me repugnaba bastante. No estaba en el ba&amp;ntilde;o ni en la cocina, no ha venido ni siquiera cuando he vertido sus bolitas de pienso en el cuenco de metal. Entonces lo he visto, desde la ventana, paseando por la acera con Miguel, ese tipo que conoc&amp;iacute; anoche en el Pentagrama y que se empe&amp;ntilde;a en llamarme Nata. &amp;iquest;Acaso yo le digo a &amp;eacute;l pastelito? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Bony iba saltando a su alrededor, tratando de mordisquear la correa que llevaba en la mano y, vistos desde lejos, parec&amp;iacute;an un buen equipo. Nunca me gust&amp;oacute; pasear al perro por las ma&amp;ntilde;anas y a &amp;eacute;l no parece importarle. Van caminando hacia la esquina de la panader&amp;iacute;a, donde preparan esos pasteles rellenos que me vuelven loca. Y entonces lo he visto claro. Eso es lo que yo necesito: un hombre que me pasee al perro y me traiga pasteles por la ma&amp;ntilde;ana.&lt;/p&gt;</description>
      <pubDate>Fri, 13 Oct 2006 19:57:47 GMT</pubDate>
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      <dc:creator>miguel</dc:creator>
      <dc:date>2006-10-13T19:57:47Z</dc:date>
    </item>
    <item>
      <link>http://miguel.antville.org/stories/1476184/</link>
      <description>&lt;p align=justify&gt;

&lt;b&gt;Sin pelos en la lengua&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;Por Miguel&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se lo he dejado muy claro. Entonces ha recogido sus cosas y se ha ido. "Me gusta vivir solo y de momento es como pienso seguir". Le agradec&amp;iacute; que preparara el desayuno, pero yo tomo t&amp;eacute;, no caf&amp;eacute;. Lo peor ha sido cuando me he lavado los dientes con su crema depiladora, el tubo de Veet era como mi pasta dent&amp;iacute;frica. Pero as&amp;iacute; me ha quedado la boca: sin pelos en la lengua.   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;b&gt;Ensayos&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;Por Esperanza&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
-Me voy. No es por ti, soy yo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo digo delante del espejo, ensayando. Pero s&amp;eacute; que no tendr&amp;eacute; valor. Me acerco m&amp;aacute;s al espejo y a&amp;ntilde;ado otra raz&amp;oacute;n a mi marcha: desde que estoy contigo no he vuelto a depilarme, como si ya no me hiciese falta estar guapa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Termino de extender la crema sobre mi labio, cierro el tubo con cuidado y lo dejo junto a tu cepillo de dientes. Sonr&amp;iacute;o y vuelvo a mirar al espejo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
-Est&amp;aacute; bien, si es lo que quieres.&lt;/p&gt;</description>
      <pubDate>Tue, 19 Sep 2006 20:10:36 GMT</pubDate>
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      <dc:creator>miguel</dc:creator>
      <dc:date>2006-09-19T20:10:36Z</dc:date>
    </item>
    <item>
      <title>Al despertar esta mañana</title>
      <link>http://miguel.antville.org/stories/1398709/</link>
      <description>Al despertar esta ma&amp;ntilde;ana not&amp;eacute; la mejilla h&amp;uacute;meda. A mi lado, un perro jadeaba, ech&amp;aacute;ndome el aliento en la cara. Puso una pata en mi pecho y volvi&amp;oacute; a lamerme la cara. &amp;lt;&amp;lt; Bony -le dije- apartate. No me chupes.&amp;gt;&amp;gt; Recordaba su nombre, con lo despistado que soy. Me lo hab&amp;iacute;a dicho Natalia anoche, al entrar en su casa. Nata, como le gustaba que le llamasen. Tambi&amp;eacute;n recordaba su nombre, con lo despistado que soy. Me incorpor&amp;eacute; en la cama y empuj&amp;eacute; a Bony, que se lanz&amp;oacute; contra mi mano, jugando. Tir&amp;eacute; de su pata trasera y Bony se cay&amp;oacute; de lado. Y mientras lo sujetaba boca arriba agarr&amp;eacute; su hocico, haci&amp;eacute;ndole de rabiar. Nunca me gustaron las mascotas pero este perro me ca&amp;iacute;a bien. En ese momento Nata sali&amp;oacute; del ba&amp;ntilde;o, envuelta en una toalla, el cabello mojado. &amp;lt;&amp;lt;Bony, deja a Miguel. Ven aqu&amp;iacute;.&amp;gt;&amp;gt;  Bony salt&amp;oacute; de la cama y se fue con Nata, tirando de su toalla. Entraron en la cocina y en unos segundos escuch&amp;eacute; el sonido de las bolitas de pienso cayendo en el cuenco. Mir&amp;eacute; a mi alrededor, el peque&amp;ntilde;o apartamento ordenado, la luz que entraba por las ventanas de bajocubierta y que iluminaban la habitaci&amp;oacute;n. Nata se asom&amp;oacute;, apoy&amp;aacute;ndose en el marco de la puerta. &amp;lt;&amp;lt;Estoy haciendo caf&amp;eacute; y tostadas.&amp;gt;&amp;gt; Estaba coqueteando, su pierna asomando por la abertura de la toalla. Se acerc&amp;oacute;, me bes&amp;oacute; los labios. Luego se fue al ba&amp;ntilde;o y sali&amp;oacute; en unos segundos, con un albornoz. &amp;lt;&amp;lt;Las tostadas, que no se quemen.&amp;gt;&amp;gt;.  Y justo en ese momento, sent&amp;iacute; un pinchazo de p&amp;aacute;nico. Esa angustia de estar viviendo un momento irreal. Esa sensaci&amp;oacute;n de que en cualquier momento algo iba a suceder, a estropearlo todo. Me vest&amp;iacute; a toda prisa y sal&amp;iacute; huyendo de aquello que casi parec&amp;iacute;a  un hogar, un sitio donde pasar el resto de mi vida.</description>
      <pubDate>Tue, 23 May 2006 09:53:06 GMT</pubDate>
      <guid>http://miguel.antville.org/stories/1398709/</guid>
      <dc:creator>miguel</dc:creator>
      <dc:date>2006-05-23T09:53:06Z</dc:date>
    </item>
    <item>
      <link>http://miguel.antville.org/stories/1157930/</link>
      <description>&lt;p align=justify&gt;

&lt;b&gt;Sin rastro&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;Por Esperanza&lt;/i&gt; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nunca archivo los correos electr&amp;oacute;nicos. Borro los mensajes que me llegan al tel&amp;eacute;fono en cuanto los he le&amp;iacute;do. No hago fotos porque no me gusta verlas despu&amp;eacute;s y rompo todos los recibos en cuanto los compruebo. No tengo entradas de cine antiguas, ni billetes de avi&amp;oacute;n, ni facturas de hotel.  No llevo anillos, ni pulseras ni relojes que tengan un significado especial. Cuando los ni&amp;ntilde;os vienen del colegio con sus trabajos recogidos en carpetas, los miro detenidamente, alabo lo bien que lo han hecho y despu&amp;eacute;s los llevo al contenedor de papel y cart&amp;oacute;n, para que lo reciclen. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al abrir la cartera esta ma&amp;ntilde;ana se han ca&amp;iacute;do dos papeles doblados en cuatro. Son tan antiguos los dobleces que por alg&amp;uacute;n v&amp;eacute;rtice ya se est&amp;aacute;n rompiendo y la tinta, que debi&amp;oacute; ser negra, es ahora gris clarito. Uno es una nota de entrega de una florister&amp;iacute;a y por detr&amp;aacute;s pone &amp;#8220;Te querr&amp;eacute; siempre&amp;#8221;, con letra manuscrita. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El otro es la factura del abogado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;b&gt;Despedida&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;Por Miguel&lt;/i&gt; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hab&amp;iacute;a empezado la ma&amp;ntilde;ana de bastante mal humor, pero a &amp;uacute;ltima hora, poco antes de irme a comer, lleg&amp;oacute; un correo de M&amp;oacute;nica y eso me quit&amp;oacute; todo el enfado que ten&amp;iacute;a. M&amp;oacute;nica era probablemente la &amp;uacute;nica cosa que echar&amp;iacute;a de menos de este trabajo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La semana pasada hab&amp;iacute;a comunicado a la empresa que me iba, que ten&amp;iacute;an quince d&amp;iacute;as antes de mi marcha. Esperaba que se lo tomasen en serio pero hasta hoy, cuando ya hab&amp;iacute;a pasado la primera semana, no hab&amp;iacute;an decidido qui&amp;eacute;n me  iba a sustituir. Y encima me asignaban a L&amp;oacute;pez, un atontado que dif&amp;iacute;cilmente iba a encajar en el puesto. L&amp;oacute;pez era buen t&amp;eacute;cnico, pero tambi&amp;eacute;n era sensible en exceso. En los momentos tensos con los clientes seguro que se echar&amp;iacute;a a llorar. Y presi&amp;oacute;n, en este puesto, la hab&amp;iacute;a a menudo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No me daba pena de L&amp;oacute;pez, no era mi problema. Lo que me molestaba era que valoraran mi capacidad tan escasamente; que mi sustituto tuviese un nivel tan bajo era muestra del poco inter&amp;eacute;s que ten&amp;iacute;an en m&amp;iacute;, lo poco preocupados que estaban con mi marcha. Pero todo mi enfado se disip&amp;oacute; en unos segundos cuando apareci&amp;oacute; en la bandeja de entrada el correo de M&amp;oacute;nica. Para continuar la relaci&amp;oacute;n con M&amp;oacute;nica era la persona id&amp;oacute;nea, sin duda. El pr&amp;oacute;ximo viernes, antes de mi marcha, se lo contar&amp;iacute;a todo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llevaba con M&amp;oacute;nica unos tres a&amp;ntilde;os, aunque nunca nos hab&amp;iacute;amos conocido personalmente, nuestra relaci&amp;oacute;n era &amp;uacute;nicamente virtual. Me la hab&amp;iacute;a traspasado Luis Arce, el anterior responsable. El traspaso no solo incluy&amp;oacute; documentaci&amp;oacute;n, informes, comentarios detallados de cada cliente, procedimientos de trabajo, tambi&amp;eacute;n incluy&amp;oacute; a M&amp;oacute;nica. Luis llevaba al menos un a&amp;ntilde;o intercambiando correos con ella, que archivaba en una carpeta del correo y durante la primera semana me dediqu&amp;eacute; a leerlos todos, hasta el punto de conocer cada detalle, cada historia. Yo segu&amp;iacute; envi&amp;aacute;ndole correos, invent&amp;aacute;ndome la mayor&amp;iacute;a, y a veces incluyendo cosas reales de mi vida. Hab&amp;iacute;a que archivar todos los correos, por que a veces no recordabas alg&amp;uacute;n detalle y meter la pata hubiera sido sencillo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Consideraba lo de M&amp;oacute;nica como algo inseparable del trabajo. Era la v&amp;aacute;lvula de escape, la extra&amp;ntilde;a compensaci&amp;oacute;n por aguantar a los pelmazos de los clientes, sus peticiones, sus broncas. Por eso no me plante&amp;eacute; enviarle una nueva cuenta de correo. Me ir&amp;iacute;a y mi sustituto seguir&amp;iacute;a inventando. Se leer&amp;iacute;a los cientos de mensajes almacenados, desde el principio, y seguir&amp;iacute;a creando ese ser que yo cre&amp;iacute;a ya real, alguien cercano, alguien al que ten&amp;iacute;a mucho aprecio y del que no volver&amp;iacute;a a tener noticias.&lt;/p&gt;</description>
      <pubDate>Wed, 29 Jun 2005 08:01:28 GMT</pubDate>
      <guid>http://miguel.antville.org/stories/1157930/</guid>
      <dc:creator>miguel</dc:creator>
      <dc:date>2005-06-29T08:01:28Z</dc:date>
    </item>
    <item>
      <link>http://miguel.antville.org/stories/1135197/</link>
      <description>&lt;p align=justify&gt;

&lt;b&gt;Una buena noticia&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;Por Miguel&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
"Ayer hizo 52 a&amp;ntilde;os que me qued&amp;eacute; viudo".  Eso es lo que le o&amp;iacute; decir. Te esperaba sentado en un banco de la plaza de San Miguel, disfrutando de los suaves rayos de sol primaveral. Me hab&amp;iacute;as llamado a la oficina para decirme que por fin hab&amp;iacute;amos vendido nuestro antiguo piso, que la hipoteca ya no nos asfixiar&amp;iacute;a, y hab&amp;iacute;amos quedado para comer juntos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mientras esperaba, a mi lado pasaron tres ancianos: una pareja que iba del brazo y un amigo que les iba contando algo, gesticulando con el brazo derecho. Solo alcanc&amp;eacute; a escuchar esa frase, pero me dej&amp;oacute; sorprendido al principio, pensativo despu&amp;eacute;s. "Ayer hizo 52 a&amp;ntilde;os que me qued&amp;eacute; viudo". El hombre era mayor pero no aparentaba serlo tanto. &amp;iquest;Cuantos a&amp;ntilde;os tendr&amp;iacute;a? &amp;iquest;Setenta y muchos? &amp;iquest;M&amp;aacute;s de ochenta?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y mientras te ve&amp;iacute;a aparecer, bajando por la calle Sacramento, hice una r&amp;aacute;pida cuenta: era pr&amp;aacute;cticamente imposible que yo pudiese llegar a decir lo mismo que aqu&amp;eacute;l anciano, no contaba con que mi esperanza de vida se alargara tanto. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Me puse de pie y cuando estuviste a mi lado nos dimos un beso y abrazados por la cintura nos acercamos al restaurante. Al entrar, mientras sujetaba la puerta para que pasases, me comentaste: "por fin nos salen los n&amp;uacute;meros".&lt;br /&gt;
Te respond&amp;iacute; con una sonrisa, pero en realidad, estaba pensando que por suerte, precisamente los n&amp;uacute;meros que yo estaba echando, esos, me alegraba de que no salieran.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;b&gt;Una buena noticia&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;Por Esperanza&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
He creado una empresa nueva y me he enfrascado en tantas movidas que necesitar&amp;iacute;a que los d&amp;iacute;as tuvieran 48 horas. Y ni aun as&amp;iacute;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero hoy, s&amp;iacute;, tengo que celebrarlo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Despu&amp;eacute;s de tantos a&amp;ntilde;os colgando unas camisas sobre otras, esta ma&amp;ntilde;ana he encontrado un mont&amp;oacute;n de perchas libres en el armario. Ya no tendr&amp;eacute; que cambiar el cabezal del cepillo de dientes cada ma&amp;ntilde;ana porque ahora, al fin, es solo m&amp;iacute;o. Esta noche podr&amp;eacute; disfrutar del metro y medio de cama sin pelear por la almohada ni tener que aguantar esos besos que, dormido, me dabas a media noche. No volver&amp;eacute; a sufrir tu man&amp;iacute;a de taparme los pies con una s&amp;aacute;bana cuando me quedo dormida en el sof&amp;aacute; ni volver&amp;aacute;s a programar mi despertador cuando yo lo olvide. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hoy, al fin, te has ido.&lt;/p&gt;</description>
      <pubDate>Wed, 01 Jun 2005 13:47:50 GMT</pubDate>
      <guid>http://miguel.antville.org/stories/1135197/</guid>
      <dc:creator>miguel</dc:creator>
      <dc:date>2005-06-01T13:47:50Z</dc:date>
    </item>
    <item>
      <title>Besos en Manhattan - David Schickler</title>
      <link>http://miguel.antville.org/stories/1128873/</link>
      <description>&lt;p&gt;
&lt;img height="137" width="90" align="left" src="http://www.antville.org/static/miguel/images/9788433970541imb.jpg" border="0" /&gt;
Autor: David Schickler&lt;br /&gt;
T&amp;iacute;tulo: Besos en Manhattan&lt;br /&gt;
Editor:  Anagrama &lt;br /&gt;
A&amp;ntilde;o: 2005 &lt;br /&gt;
I.S.B.N.: 84-339-7054-2 &lt;br /&gt;
Traductor: Ceriani, Cecilia. &lt;br /&gt;
N&amp;ordm; P&amp;aacute;ginas: 290
&lt;/p&gt;

&lt;p align=justify&gt;
Los protagonistas de "Besos en Manhattan" buscan a alguien, pero no siempre lo saben. Eso es lo que les sucede a la mayor&amp;iacute;a de los protagonistas de estas historias, y para entrar en situaci&amp;oacute;n r&amp;aacute;pidamente, lo que sucede en el relato que abre el libro: Donna acepta una cita a ciega con Checkers, aunque en principio la idea no le hace mucha gracia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El libro se presenta como una colecci&amp;oacute;n de relatos pero los personajes se entremezclan, hacen "cameos" en una historia y adquieren todo su protagonismo en la siguiente. Y as&amp;iacute;, casi al final del libro, se reunen en una fiesta que dura varios d&amp;iacute;as. Este es uno de los atractivos de este libro, la delgada l&amp;iacute;nea que le separa de ser una novela, aunque por separado, cada relato funciona perfectamente. De hecho, muchos de los personajes viven en el mismo edificio, incluso comparten piso, pero las historias tienen su propio desarrollo, su propio desenlace, con personajes que entran y salen. Estos personajes parecen personas normales, pero poco a poco vamos conociendo sus rarezas, sus defectos, sus fantasmas. As&amp;iacute; descubrimos que el tierno James Branch habla con el ascensor de su edificio, que su compa&amp;ntilde;ero de piso, Patrick Riggs tiene una oscura forma de alcanzar el placer, o esa mujer mayor que desde el d&amp;iacute;a de su boda ba&amp;ntilde;a a diario a su esposo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
David Schickler ha sabido adem&amp;aacute;s trasmitir con acierto el ambiente que requiere cada cuento, dependiendo del protagonista: a veces transmite una enorme tensi&amp;oacute;n sexual, toques de paranoia, situaciones "m&amp;aacute;gicas", encuentros m&amp;iacute;sticos. S&amp;iacute;, es cierto algunas historias tienen su punto surrealista, pero en ning&amp;uacute;n momento nos creemos que no pueda suceder lo que el autor nos est&amp;aacute; contando, y sobre todo, encaja totalmente con el personaje y su situaci&amp;oacute;n.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al principio el libro decepciona un poco, las primeras historias no tienen ese gancho necesario, parece como si faltara algo. Pero a medida que el libro avanza, esos detalles que parec&amp;iacute;an no tener importancia vuelven a aparecer, nos resultan familiares, nos atrapan y nos hacen leer sin descanso. Es divertido ver como ese tipo que solo tiene un par de frases en una de las primeras historias se convierte en alguien tan entra&amp;ntilde;able m&amp;aacute;s adelante, o la percepci&amp;oacute;n que tienen diferentes personajes, como si de una "intromisi&amp;oacute;n" (http://www.intromisiones.com) se tratara, de un lugar, una situaci&amp;oacute;n, un momento. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quiz&amp;aacute; una pega que se podr&amp;iacute;a poner es que, as&amp;iacute; como en un relato corto est&amp;aacute; permitido que una historia no finalice, ya que lo importante es la esencia, lo que el autor pretend&amp;iacute;a contar, que varios personajes vuelvan a aparecer en otros cuentos pero al final del libro nos quedemos sin saber nada m&amp;aacute;s de ellos, resulta un poco molesto. No es el libro del a&amp;ntilde;o ni mucho menos, pero en cualquier caso, se lee muy bien, es &amp;aacute;gil, entretenido, divertido, excitante. Es recomendable.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta colecci&amp;oacute;n de relatos es en realidad el cuarto libro escrito por David Schickler, aunque es el primero que fue publicado (y en Espa&amp;ntilde;a el &amp;uacute;nico de momento). Anteriormente escribi&amp;oacute; tres novelas, de las cuales "Sweet and Vicious" fue publicada el pasado a&amp;ntilde;o en Estados Unidos y cuenta el autor que est&amp;aacute; trabajando ya en su adaptaci&amp;oacute;n para el cine. Espero con ganas su edici&amp;oacute;n en Espa&amp;ntilde;a, y disfrutar de otro buen rato con este autor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por cierto (es una man&amp;iacute;a, lo reconozco) os recomiendo que no os le&amp;aacute;is la contraportada del libro si ten&amp;eacute;is intenci&amp;oacute;n de leerlo entero, ya que cuenta muchos detalles que os estropear&amp;aacute;n la sorpresa de algunos relatos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sitio web del autor.&lt;br /&gt;
&lt;a href="http://www.davidschickler.com/" title="http://www.davidschickler.com/"&gt;www.davidschickler.com&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Relato "The Smoker", en NewYorker.&lt;br /&gt;
&lt;a href="http://www.newyorker.com/archive/content/?030616fr_archive02" title="http://www.newyorker.com/archive/content/?030616fr_archive02"&gt;www.newyorker.com&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;</description>
      <pubDate>Tue, 24 May 2005 15:09:06 GMT</pubDate>
      <guid>http://miguel.antville.org/stories/1128873/</guid>
      <dc:creator>miguel</dc:creator>
      <dc:date>2005-05-24T15:09:06Z</dc:date>
    </item>
    <item>
      <link>http://miguel.antville.org/stories/1128451/</link>
      <description>&lt;p align=justify&gt;

&lt;b&gt;Buenas noticias&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;Por Miguel&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hace unos d&amp;iacute;as se me cay&amp;oacute; al suelo el espejito del ba&amp;ntilde;o, rompi&amp;eacute;ndose en mil pedazos y desde entonces han sucedido algunas cosas. Me han ascendido, tengo un sueldo decente, pero ahora nunca s&amp;eacute; a qu&amp;eacute; hora llegar&amp;eacute; a casa. Las responsabilidades me aprisionan y cuando lo olvido, el mont&amp;oacute;n de papeles se encarga de record&amp;aacute;rmelo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Adem&amp;aacute;s, mi mujer ha vuelto a casa. Est&amp;aacute; dispuesta a intentarlo de nuevo, dice que es algo de dos y me pide un esfuerzo. Pero ni siquiera s&amp;eacute; qu&amp;eacute; hice mal la vez anterior, ni qu&amp;eacute; tengo que hacer bien esta. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mi madre ha salido bien de su operaci&amp;oacute;n, es como un milagro aunque probablemente se quede en una silla de ruedas. No obstante, las secuelas son duras: tendr&amp;eacute; que llevarla a rehabilitaci&amp;oacute;n durante al menos seis meses. Ella no deja que nadie m&amp;aacute;s lo haga, despu&amp;eacute;s del accidente de coche se niega a subir a ninguno salvo que conduzca yo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y lo que me atemoriza es que a&amp;uacute;n pueden venir un mont&amp;oacute;n de buenas noticias. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;b&gt;Malas noticias&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;Por Esperanza&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hoy he recogido los trozos de un espejo roto en el ba&amp;ntilde;o. Me he cortado en la mano y he tenido que ir a urgencias. En la sala de espera me he encontrado con un antiguo compa&amp;ntilde;ero que me ha ofrecido un trabajo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A la vuelta, en su coche, un kamikaze ha ocupado nuestro carril y le ha obligado a dar un volantazo. Hemos chocado con la mediana de cemento y una ambulancia nos ha llevado de vuelta a urgencias. Mi bolso segu&amp;iacute;a en la sala de espera, justo donde lo hab&amp;iacute;a dejado unas horas antes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desde el hospital han llamado a mi ex-marido y se ha presentado all&amp;iacute; en menos de media hora. Me he acordado tanto de ti, me ha dicho. Le he contestado que, con el golpe, hab&amp;iacute;a olvidado todo. Ahora aprieta mi mano y yo le prometo no recuperar la memoria. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero tengo miedo. Son demasiadas malas noticias para un momento.&lt;/p&gt;</description>
      <pubDate>Tue, 24 May 2005 08:04:10 GMT</pubDate>
      <guid>http://miguel.antville.org/stories/1128451/</guid>
      <dc:creator>miguel</dc:creator>
      <dc:date>2005-05-24T08:04:10Z</dc:date>
    </item>
    <item>
      <link>http://miguel.antville.org/stories/991399/</link>
      <description>&lt;p align=justify&gt;

Para Carlos, con una sonrisa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;b&gt;Hoy es un lunes gris&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;Por Esperanza&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta ma&amp;ntilde;ana el cielo ten&amp;iacute;a ese color de agua miedosa, que quiere caer pero no se atreve y la gente paseaba con paraguas bajo el brazo. Pero yo he salido un rato a tomar el aire sin capucha. El agua no hace da&amp;ntilde;o. Moja. Solo eso. A la vuelta del paseo he querido secar mi chaqueta en un radiador, pero no funcionaba. Han saltado los plomos de la calefacci&amp;oacute;n justo cuando el electricista se ha dado de baja. Seguramente haya sido por la gotera que se ha formado justo encima de una impresora. Tal vez, me he dicho, sea mejor as&amp;iacute;. Ma&amp;ntilde;ana vendr&amp;aacute; otro electricista nuevo y se esforzar&amp;aacute; doblemente para causar una buena impresi&amp;oacute;n. Hubiera llamado a pedirlo si no fuera porque mi m&amp;oacute;vil se ha estropeado y el fijo no ten&amp;iacute;a se&amp;ntilde;al. Bien pensado, nadie podr&amp;aacute; molestarme ni darme malas noticias.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Falta poco para la Navidad y hoy es un d&amp;iacute;a perfecto para poner el &amp;aacute;rbol. He abierto la puerta del s&amp;oacute;tano para sacar los adornos y el falso abeto cuando una rata enorme ha salido corriendo. Me ha parecido ver que se paraba un segundo a mirarme. Pero creo que hemos hecho un pacto. Si ella no me molesta a m&amp;iacute; yo tampoco pienso hacerlo.  &lt;br /&gt;
Este a&amp;ntilde;o he puesto las cintas plateadas y las bolas de cristal. He colgado un par de esas bolitas de espejos, como las de las discotecas de anta&amp;ntilde;o. Y en las puntas de las ramas, he encajado ced&amp;eacute;s estropeados que reflejen la luz. Y en la ventanilla para el p&amp;uacute;blico, un mu&amp;ntilde;eco de nieve de alambre y algod&amp;oacute;n que alguien me regal&amp;oacute; hace a&amp;ntilde;os. Me he llenado los dedos de espuma al dibujar estrellas en los cristales. Y cien luces diminutas que se encienden y se apagan. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La tarde va oscureciendo pero una niebla fina hace que parezca m&amp;aacute;s clara. Y oigo a lo lejos el mon&amp;oacute;tono sonido de una gota que cae sobre el pl&amp;aacute;stico de la impresora. Me alejo un poco y veo el efecto. &lt;br /&gt;
Hoy es un lunes plateado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;b&gt;Hoy es un lunes gris&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;Por Miguel&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Despu&amp;eacute;s de dos semanas en casa de Carlos, por fin Alejandro est&amp;aacute; en su nuevo piso. El s&amp;aacute;bado qued&amp;oacute; con la casera para recoger las llaves y hoy lunes viene la gente de IKEA con los muebles, a primera hora. Mientras les espera, recorre la casa vac&amp;iacute;a. La habitaci&amp;oacute;n de los ni&amp;ntilde;os es la que da al patio interior. Es la que usar&amp;aacute;n los fines de semana, uno de cada dos. Su habitaci&amp;oacute;n, nada m&amp;aacute;s que un colch&amp;oacute;n a&amp;uacute;n envuelto en la funda de pl&amp;aacute;stico, apoyado contra la pared. Desde la ventana se ve la calle, llena de coches a estas horas. En segunda fila esta el mismo coche azul que vio en su primera visita al piso. Hoy el cielo tiene color plomizo, en cualquier momento descargar&amp;aacute; con ganas. Alejandro vuelve al sal&amp;oacute;n, que sirve de distribuidor de las habitaciones y accede a la cocina. Es alargada y estrecha, con una peque&amp;ntilde;a terraza para tender la ropa. Tambi&amp;eacute;n est&amp;aacute; la caldera de la calefacci&amp;oacute;n. La pone en modo &amp;#8220;invierno&amp;#8221; y autom&amp;aacute;ticamente entra en funcionamiento. Entonces se da cuenta del fr&amp;iacute;o que ten&amp;iacute;a, los pies y las manos congelados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Suena el timbre del portal. Alejandro mira el reloj: es la gente de IKEA. Sonr&amp;iacute;e. Le gusta su puntualidad. Enseguida se llena la casa de cajas, unas enormes, otras m&amp;aacute;s chicas. Alejandro les va indicando d&amp;oacute;nde va cada cosa, las literas a la habitaci&amp;oacute;n de los chicos, la mesilla de noche a su habitaci&amp;oacute;n, la cuberter&amp;iacute;a a la cocina... Tanta actividad le hace sentirse bien, le da energ&amp;iacute;a. Mientras los operarios montan las estanter&amp;iacute;as, los armarios, las camas, &amp;eacute;l amontona las cajas vac&amp;iacute;as, separadas de los pl&amp;aacute;sticos. Cuando acaban con el armario de su habitaci&amp;oacute;n, deshace las maletas y coloca la ropa en los cajones, mientras acaban con la estanter&amp;iacute;a del sal&amp;oacute;n, coloca el menaje de cocina. Tiene que apagar la calefacci&amp;oacute;n, es imposible que nadie tenga fr&amp;iacute;o ahora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A las tres de la tarde ya han terminado de instalarle todo. Alejandro les da una propina y baja con ellos. Se acerca hasta una cafeter&amp;iacute;a de la zona, &amp;#8220;Los cuatro hermanos&amp;#8221; a tomar un plato combinado. En la calle se fija que el coche azul ya est&amp;aacute; bien aparcado. Supone que su due&amp;ntilde;o trabajar&amp;aacute; en la academia de inform&amp;aacute;tica que hay junto al coche. Aunque estamos a principio de diciembre, la academia ya tiene los cristales llenos de espuma de nieve y adornos navide&amp;ntilde;os. Nunca le gust&amp;oacute; demasiado la navidad as&amp;iacute; que se sorprende al darse cuenta de que acaba de apuntar en la lista de compras pendientes un &amp;aacute;rbol de pl&amp;aacute;stico y bolas de colores. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Alejandro sube a su casa. Su nueva casa. Enciende la luz del sal&amp;oacute;n y se siente feliz. Se alegra de no haber querido traer nada de su antigua casa. Ahora todo es nuevo, brillante, agradable, muy bonito. Despu&amp;eacute;s de ir cuesta abajo tantos meses, siente que tiene una nueva oportunidad, una nueva y esperanzadora vida.&lt;/p&gt;</description>
      <pubDate>Thu, 02 Dec 2004 09:44:15 GMT</pubDate>
      <guid>http://miguel.antville.org/stories/991399/</guid>
      <dc:creator>esperanza</dc:creator>
      <dc:date>2004-12-02T09:44:15Z</dc:date>
    </item>
    <item>
      <link>http://miguel.antville.org/stories/986474/</link>
      <description>&lt;p align=justify&gt;

&lt;b&gt;Sin pelos en la lengua&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;Por Miguel&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se lo he dejado muy claro. Entonces ha recogido sus cosas y se ha ido. "Me gusta vivir solo y de momento es como pienso seguir". Le agradec&amp;iacute; que preparara el desayuno, pero yo tomo t&amp;eacute;, no caf&amp;eacute;. Lo peor ha sido cuando me he lavado los dientes con su crema depiladora, el tubo de Veet era como mi pasta dent&amp;iacute;frica. Pero as&amp;iacute; me ha quedado la boca: sin pelos en la lengua.   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;b&gt;Ensayos&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;Por Esperanza&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
-Me voy. No es por ti, soy yo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo digo delante del espejo, ensayando. Pero s&amp;eacute; que no tendr&amp;eacute; valor. Me acerco m&amp;aacute;s al espejo y a&amp;ntilde;ado otra raz&amp;oacute;n a mi marcha: desde que estoy contigo no he vuelto a depilarme, como si ya no me hiciese falta estar guapa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Termino de extender la crema sobre mi labio, cierro el tubo con cuidado y lo dejo junto a tu cepillo de dientes. Sonr&amp;iacute;o y vuelvo a mirar al espejo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
-Est&amp;aacute; bien, si es lo que quieres.&lt;/p&gt;</description>
      <pubDate>Fri, 26 Nov 2004 12:12:11 GMT</pubDate>
      <guid>http://miguel.antville.org/stories/986474/</guid>
      <dc:creator>miguel</dc:creator>
      <dc:date>2004-11-26T12:12:11Z</dc:date>
    </item>
    <item>
      <link>http://miguel.antville.org/stories/982208/</link>
      <description>&lt;p align=justify&gt;

&lt;b&gt;Luc&amp;iacute;a&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;Por Esperanza&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A Luc&amp;iacute;a nunca le gust&amp;oacute; Fabiola, la novia del chico. Pero las madres no cuentan y se casaron. Cu&amp;aacute;nta raz&amp;oacute;n ten&amp;iacute;an sus amigas cuando le dec&amp;iacute;an que tuviera otro hijo. A ver si esta vez sale ni&amp;ntilde;a, Luc&amp;iacute;a, que los hijos se olvidan de ti cuando crecen y las hijas son las que se ocupan. Pero Luc&amp;iacute;a pari&amp;oacute; cuatro ni&amp;ntilde;os y en &amp;uacute;ltimo casi pierde la vida. No le quedaron ganas de seguir buscando. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando Antonio, el peque&amp;ntilde;o, le dijo que se fuera a vivir con ellos se le saltaban las l&amp;aacute;grimas. Su Anto&amp;ntilde;ito, tan parecido a su padre, iba a cuidar de ella. Pero luego vinieron las condiciones, los prohibidos y los mandatos para hacerle sentir que no estaba en su casa. Prohibido tocar los papeles, madre, no vaya a perder alguno. Se ocupa usted del ni&amp;ntilde;o que nosotros trabajamos mucho. Y no se enfrente a Fabiola que ella es mi mujer y le tiene cari&amp;ntilde;o. Luc&amp;iacute;a se hizo un hueco en la casa, coloc&amp;oacute; la foto de su boda junto a la cama y se dedic&amp;oacute; a cuidar, limpiar y alimentar a una familia que no reconoc&amp;iacute;a como la suya. Jam&amp;aacute;s entr&amp;oacute; en el despacho de Fabiola para no tocar sus cosas. No discuti&amp;oacute; con ella por el uniforme espantoso del ni&amp;ntilde;o ni por que le dejase ver la televisi&amp;oacute;n hasta las tantas. Cuando nadie la ve&amp;iacute;a le preparaba bizcochos, que comer bollos envueltos no es sano, le untaba suavizante en las costuras del pantal&amp;oacute;n gris del colegio, que la lana pica por muy cara que sea, y le hac&amp;iacute;a la cama, que acostarse en camas deshechas es de gente de mal vivir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No dice nada pero sabe que Antonio no es feliz. Cada d&amp;iacute;a viene m&amp;aacute;s tarde del trabajo para no cruzarse con ella. Casi no conoce a Borja y jam&amp;aacute;s lleva a Fabiola al cine. La trata con respeto, s&amp;iacute;, pero no la quiere ya. Y Luc&amp;iacute;a sospecha que si ella no estuviera en la casa, que si Fabiola no se quejara continuamente de la carga que soporta por tener all&amp;iacute; a su suegra, su Anto&amp;ntilde;ito se habr&amp;iacute;a marchado. Pero no dice nada, que las madres no cuentan. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hoy ha salido temprano de casa. Ten&amp;iacute;a que hacer la compra, recoger el abrigo de pa&amp;ntilde;o de la tintorer&amp;iacute;a, preparar los canelones para cuando llegara el ni&amp;ntilde;o. De camino a casa ha pasado por la peluquer&amp;iacute;a y ha pedido cita a primera hora del d&amp;iacute;a siguiente. No le gusta esperar porque luego se le amontonan las cosas, pero tendr&amp;aacute; que madrugar para dejar las camas hechas y la comida puesta, no sea que la peluquera se entretenga o el tinte tarde en fijarse, como la &amp;uacute;ltima vez, que perdi&amp;oacute; casi dos horas y Fabiola se puso hecha una fiera porque las patatas de la tortilla se quedaron un poco duras. Se ha cruzado en el portal con Borja. Te pareces tanto a tu padre, le ha dicho, y se ha acordado de que eso era lo que le dec&amp;iacute;a a &amp;eacute;l cuando ten&amp;iacute;a su edad. En la escalera ol&amp;iacute;a a pollo asado porque en el bajo hay un asador y se cuelan los olores por las rendijas de las paredes. El nieto le ha dicho cu&amp;aacute;nto le gusta el pollo asado, pero el de bar, el que da vueltas en un palo, no el que ella hace en el horno. As&amp;iacute; es que despu&amp;eacute;s de subir la compra ha vuelto a bajar y ha dejado encargado un pollo mediano. S&amp;uacute;balo al tercero, le ha dicho al chico, ma&amp;ntilde;ana a la una. As&amp;iacute; no tendr&amp;aacute; que dejar nada puesto.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Despu&amp;eacute;s de comer ha recogido todo y ha limpiado la cocina. Ha repasado el sal&amp;oacute;n, las ventanas y las figuritas de la entrada. Cuando ha terminado de planchar se ha puesto con la cena y se le ha pasado la tarde en un sentir. Con recoger la cena podr&amp;aacute; sentarse a ver su serie, que Fabiola se ir&amp;aacute; a la cama, el chico a ver la tele a su cuarto y Anto&amp;ntilde;ito tardar&amp;aacute; en llegar a&amp;uacute;n. Dormita en el sof&amp;aacute; cuando su hijo llega. La besa y se despide hasta ma&amp;ntilde;ana. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con la casa en silencio y todo hecho, todo limpio, todo dispuesto, Luc&amp;iacute;a ha entrado en el despacho de Fabiola. Se ha sentado en su sill&amp;oacute;n de cuero y ha sacado del bolsillo una cuchillita peque&amp;ntilde;a de afeitar, de las que se usaban antes. Con un gesto r&amp;aacute;pido ha cortado las venas del brazo izquierdo y ha sonre&amp;iacute;do al ver c&amp;oacute;mo la sangre sal&amp;iacute;a disparada salpicando todos los papeles de Fabiola. Antes de cerrar los ojos, con la cabeza apoyada en la parte alta del sill&amp;oacute;n, se ha dado cuenta del polvo que se acumulaba sobre la estanter&amp;iacute;a y ha sonre&amp;iacute;do.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;b&gt;Elvira&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;Por Miguel&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Do&amp;ntilde;a Elvira se hab&amp;iacute;a levantado algo m&amp;aacute;s tarde de lo habitual esa ma&amp;ntilde;ana. Ella y su marido siempre se despertaban a la misma hora, sincronizados. Sin necesidad de reloj, sin despertador. Esa ma&amp;ntilde;ana la se&amp;ntilde;ora Elvira abri&amp;oacute; los ojos y not&amp;oacute; que su marido no estaba. Le sorprendi&amp;oacute; adem&amp;aacute;s la cantidad de luz que se colaba por las ranuras de la persiana. Encendi&amp;oacute; la luz de la mesita y se levant&amp;oacute;. Enfund&amp;oacute; los pies en las zapatillas, se puso la bata y se fue hasta el ba&amp;ntilde;o arrastrando los pies. Antes de entrar se dio media vuelta. Su marido se habr&amp;iacute;a levantado sin hacer ruido y  vi&amp;eacute;ndola dormir tranquila, no la hab&amp;iacute;a despertado. Es muy cari&amp;ntilde;oso y atento. Incluso hab&amp;iacute;a estirado su parte de la cama, ahuecado la almohada. La se&amp;ntilde;ora Elvira entr&amp;oacute; al servicio y se mir&amp;oacute; en el espejo. Era reacia a te&amp;ntilde;irse  las canas, pero era cierto que hab&amp;iacute;an tomado un tono amarillento. La &amp;uacute;ltima vez que hab&amp;iacute;a estado en la peluquer&amp;iacute;a, la encargada hab&amp;iacute;a insistido mucho y ella, por cabezoner&amp;iacute;a hab&amp;iacute;a dicho que no. No es que el tono de pelo fuese a cambiar el hecho de que era una anciana, pero al menos tendr&amp;iacute;a mejor aspecto. Decidi&amp;oacute; ir ese mismo d&amp;iacute;a a te&amp;ntilde;irse. Adem&amp;aacute;s ten&amp;iacute;a que estar arreglada. Su hijo David vendr&amp;iacute;a al d&amp;iacute;a siguiente. Se iba a quedar unos d&amp;iacute;as, ten&amp;iacute;a muchas ganas de verle.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se aseo con una toalla h&amp;uacute;meda y se cepill&amp;oacute; el pelo. Luego baj&amp;oacute; a la cocina a preparar el desayuno. Antes dio una vuelta por la casa, mir&amp;oacute; en el sal&amp;oacute;n, en las habitaciones vac&amp;iacute;as de los chicos, en el garaje. No hab&amp;iacute;a ning&amp;uacute;n rastro de su marido. Hab&amp;iacute;a salido sin avisarla, sin dejar una nota. Se imagin&amp;oacute; que habr&amp;iacute;a ido al barbero, quiz&amp;aacute; a comprarse una camisa nueva, seguramente hab&amp;iacute;a cogido un autob&amp;uacute;s hasta la ciudad. Volvi&amp;oacute; a la cocina y se prepar&amp;oacute; un caf&amp;eacute;. Siempre desayunaban juntos y aunque no hablaban mucho, se sent&amp;iacute;a acompa&amp;ntilde;ada. Se cort&amp;oacute; un trozo de bizcocho pero no ten&amp;iacute;a apetito y dej&amp;oacute; la mitad en el plato.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando termin&amp;oacute;, recogi&amp;oacute; la mesa y lav&amp;oacute; su taza. Luego se asom&amp;oacute; a la peque&amp;ntilde;a tienda, para comprobar que hab&amp;iacute;a bizcochos de sobra. Antiguamente hab&amp;iacute;a sido la &amp;uacute;nica panader&amp;iacute;a del pueblo pero ahora solamente vend&amp;iacute;an sus especialidades: magdalenas  y bizcochos, imperial, de manzana, de nuez. No ten&amp;iacute;an abierto habitualmente, los clientes ya sab&amp;iacute;an que ten&amp;iacute;an que llamar al timbre del negocio, siempre hab&amp;iacute;a alguien en la casa que les atendiera. Era una forma de entretenerse, de tener alguna ocupaci&amp;oacute;n. Pablo, su hijo mayor llevaba tiempo dici&amp;eacute;ndoles que lo dejaran, que les daba m&amp;aacute;s trabajo que beneficio. Pablo siempre hab&amp;iacute;a sido muy materialista, no entend&amp;iacute;a que aquel negocio era parte de sus vidas, y que si no lo tuvieran entonces nada no tendr&amp;iacute;a mucho sentido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
M&amp;aacute;s tarde, do&amp;ntilde;a Elvira se acerc&amp;oacute; a la parada del autob&amp;uacute;s. Era casi la hora de ir a comer as&amp;iacute; que recoger&amp;iacute;a a su marido y se ir&amp;iacute;an juntos a ese restaurante donde com&amp;iacute;an todos los d&amp;iacute;as. Lo hab&amp;iacute;a arreglado su hijo Pablo para que no cocinasen y llevaban una temporada comiendo all&amp;iacute;. Anita, la camarera les conoc&amp;iacute;a y siempre les preguntaba por sus hijos, por el negocio, por su salud.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando lleg&amp;oacute; el autob&amp;uacute;s, se acerc&amp;oacute; a la puerta y vio bajar a unos cuantos pasajeros, pero su marido no estaba. El conductor le mir&amp;oacute; unos instantes y luego cerr&amp;oacute; la puerta. La se&amp;ntilde;ora Elvira se qued&amp;oacute; un poco desconcertada, mirando como se alejaba el autob&amp;uacute;s. Ten&amp;iacute;a la esperanza que se detuviera de repente y bajase el pasajero anciano, que se hab&amp;iacute;a quedado dormido en el asiento. Cuando lo perdi&amp;oacute; de vista, se encamin&amp;oacute; al restaurante. Hab&amp;iacute;a dejado una nota para su marido, indicando de que le esperaba all&amp;iacute;. Seguro que ya habr&amp;iacute;a llegado y estar&amp;iacute;a ri&amp;eacute;ndose de su impaciencia y su nerviosismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al entrar al restaurante se dirigi&amp;oacute; a su mesa habitual. Al ver que no estaba su marido se sent&amp;oacute;, algo preocupada. No lo entend&amp;iacute;a, &amp;eacute;l no ten&amp;iacute;a costumbre de desaparecer sin m&amp;aacute;s. Se acerc&amp;oacute; la camarera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;#8211;Hola do&amp;ntilde;a Elvira, &amp;iquest;c&amp;oacute;mo est&amp;aacute; hoy?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No recordaba a aquella chica. No cre&amp;iacute;a haberla visto nunca, pero le hablaba con una familiaridad que la descoloc&amp;oacute;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;#8211;Hola. &amp;iquest;No est&amp;aacute; Anita?&lt;br /&gt;
&amp;#8211;&amp;iquest;Anita? &amp;#8211;contest&amp;oacute; la camarera&amp;#8211;. No, no est&amp;aacute;. &amp;iquest;Le traigo una sopita de primero como siempre?&lt;br /&gt;
&amp;#8211;&amp;iquest;No puede avisar a Anita? Ten&amp;iacute;a que preguntarle algo.&lt;br /&gt;
&amp;#8211;Anita ya no trabaja aqu&amp;iacute;. Hace ya cinco a&amp;ntilde;os que se march&amp;oacute; &amp;#8211;dijo la camarera, poniendo su mano sobre el hombro de la se&amp;ntilde;ora Elvira.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En ese momento se dio cuenta de lo que suced&amp;iacute;a.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;#8211;Ah, claro, qu&amp;eacute; tonta. Es que se hace una mayor y se le va la cabeza.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Intent&amp;oacute; parecer tranquila pero el coraz&amp;oacute;n le lat&amp;iacute;a con fuerza. Sinti&amp;oacute; un v&amp;eacute;rtigo tal que pens&amp;oacute; que se iba a desmayar. Por suerte, la camarera no lo hab&amp;iacute;a notado, se hab&amp;iacute;a dado media vuelta para atender otra mesa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Notaba la desesperaci&amp;oacute;n que se iba expandiendo, empezando por la garganta, bajando hasta el est&amp;oacute;mago. Hizo un esfuerzo enorme, y cuando la camarera le sirvi&amp;oacute; la sopa se atrevi&amp;oacute; a  preguntar:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;#8211;Perdone, pero en estos cinco a&amp;ntilde;os, &amp;iquest;siempre he venido sola a comer? &amp;iquest;nunca me acompa&amp;ntilde;a nadie?&lt;br /&gt;
&amp;#8211;A veces viene su hijo. Una vez al mes, cuando viene a pagar. El resto de los d&amp;iacute;as la tengo para m&amp;iacute; sola &amp;#8211;respondi&amp;oacute; con una enorme sonrisa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
***&lt;br /&gt;
La se&amp;ntilde;ora Elvira acaba de salir de la peluquer&amp;iacute;a. Ha coincidido con do&amp;ntilde;a Luc&amp;iacute;a, una antigua vecina y han charlado de su familia. Do&amp;ntilde;a Elvira ha hecho muchas preguntas para evitar tener que contar. Adem&amp;aacute;s, a do&amp;ntilde;a Luc&amp;iacute;a le gusta hablar, de su Anto&amp;ntilde;ito, que la adora, y de su nuera, Fabiola, que le hace la vida imposible. Mientras peinaban a Luc&amp;iacute;a, estuvo leyendo una revista. En una secci&amp;oacute;n sobre la tercera edad hablaban de la demencia senil, de las enfermedades mentales de los ancianos y lo ha entendido todo. Lo que le pasa ya lo intu&amp;iacute;a, pero ahora sabe como ser&amp;aacute; m&amp;aacute;s adelante. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y mientras piensa en ello, intentando que no se le olvide, all&amp;iacute; en la calle,  recuerda una conversaci&amp;oacute;n, trozos de una conversaci&amp;oacute;n. Est&amp;aacute;n probablemente en el restaurante. Su hijo Pablo le habla de una residencia, de dejar el negocio. Y no, eso no. Ella una mujer sencilla, pero decidida. Sabe lo que tiene que hacer. Tiene que quitarse de en medio mientras es consciente de ello. Esa misma tarde a ser posible. No hay nada que la retenga. Est&amp;aacute; preparada y presentable, incluso se ha te&amp;ntilde;ido el pelo.&lt;/p&gt;</description>
      <pubDate>Mon, 22 Nov 2004 09:29:14 GMT</pubDate>
      <guid>http://miguel.antville.org/stories/982208/</guid>
      <dc:creator>miguel</dc:creator>
      <dc:date>2004-11-22T09:29:14Z</dc:date>
    </item>
    <item>
      <title>La hija de la puta - RICHARD RUSSO</title>
      <link>http://miguel.antville.org/stories/980268/</link>
      <description>Libro: La hija de la puta y otros cuentos&lt;br /&gt;
Autor: RICHARD RUSSO &lt;br /&gt;
Editorial: Emec&amp;eacute;&lt;br /&gt;
P&amp;aacute;ginas: 168 &lt;br /&gt;
ISBN: 8495908697&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un libro que se titule &amp;#8220;La hija de la puta y otros cuentos&amp;#8221; parece ideal para llevar a la playa y crearte una buena reputaci&amp;oacute;n entre esos amigos que solo leen &amp;#8220;el C&amp;oacute;digo Da Vinci&amp;#8221; o &amp;#8220;Los pilares de la tierra&amp;#8221;. Este chico es alternativo, un punki, un enrollado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero este libro, escrito por Richard Russo, es algo m&amp;aacute;s que un t&amp;iacute;tulo impactante, es una colecci&amp;oacute;n de relatos muy bien construidos, con unos personajes cre&amp;iacute;bles, en los que las historias tejidas en cada relato van atando todos los cabos de forma que al final se entiende lo que pretend&amp;iacute;a el autor al escribirlo. A la manera de otros escritores norteamericanos, como Carver, son cuentos en las que pasan cosas que contadas por otro autor podr&amp;iacute;an parecer normales pero Russo sabe darles el toque de humor, iron&amp;iacute;a, dramatismo o melancol&amp;iacute;a, que las convierte en algo especial. Con un estilo directo, sutil y muy &amp;aacute;gil, el autor va poniendo las piezas del puzzle, y solo entonces, al mirar desde arriba, vemos la fotograf&amp;iacute;a completa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es la agilidad es una de las virtudes de Russo, que a veces en un solo p&amp;aacute;rrafo es capaz de hacernos vibrar (&amp;eacute;l no necesitar&amp;iacute;a un cap&amp;iacute;tulo completo para que vi&amp;eacute;ramos con nitidez un pollo correr sin cabeza por la cocina, como s&amp;iacute; le sucede a Eloy Tiz&amp;oacute;n). Cuando acaba el relato de apenas treinta p&amp;aacute;ginas ya sabemos c&amp;oacute;mo era el hotel donde est&amp;aacute; de vacaciones el protagonista, la biblioteca, el jard&amp;iacute;n lleno de abejas. Tambi&amp;eacute;n alcanzamos a comprender los motivos de la &amp;#8220;locura&amp;#8221; de su mujer, su sentimiento de culpa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Adem&amp;aacute;s, tambi&amp;eacute;n cuida otros detalles que hacen que nos enganchen los relatos. Los comienzos tiran de la historia, la lanzan a velocidad de crucero y los finales son como la guinda que hace que nos quedemos paladeando un rato antes de pasar p&amp;aacute;gina y atacar al siguiente cuento. El relato que abre el libro es el que le sirve de t&amp;iacute;tulo, una elecci&amp;oacute;n que sin duda tiene un sentido comercial ya que no es el mejor cuento de todos. De hecho, el libro parece ir creciendo con cada historia y al final es dif&amp;iacute;cil decidir cual de los siete cuentos es nuestro favorito, cual nos ha gustado m&amp;aacute;s. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Creo que ya alert&amp;eacute; otras veces de mi gusto por la literatura anglosajona contempor&amp;aacute;nea (Richard Russo naci&amp;oacute; en 1950). Estoy seguro que para los aficionados a este estilo, el libro se convertir&amp;aacute; en uno de sus favoritos, como me ha sucedido a m&amp;iacute;. Anteriormente hab&amp;iacute;a publicado varias novelas y con una de ellas, &amp;#8220;Empire Falls&amp;#8221;, gan&amp;oacute; el premio Pulitzer en el 2003, lo cual tiene m&amp;aacute;s m&amp;eacute;rito si cabe ya que ese a&amp;ntilde;o fue finalista J. Franzen con &amp;#8220;La correcciones&amp;#8221;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Antes citaba como virtud del libro su agilidad, su facilidad de lectura. El otro d&amp;iacute;a, tumbado en la playa, justo al terminar uno de los cuentos, pos&amp;eacute; el libro y me qued&amp;eacute; mirando el horizonte, con un sentimiento contradictorio. Por una parte disfrutando de las sensaciones tan fant&amp;aacute;sticas que me hab&amp;iacute;a dejado el cuento, de otra, triste por acercarme al final del libro. Maldita agilidad.</description>
      <pubDate>Fri, 19 Nov 2004 13:53:52 GMT</pubDate>
      <guid>http://miguel.antville.org/stories/980268/</guid>
      <dc:creator>miguel</dc:creator>
      <dc:date>2004-11-19T13:53:52Z</dc:date>
    </item>
    <item>
      <title>Ven a verme - Erika Krouse</title>
      <link>http://miguel.antville.org/stories/980252/</link>
      <description>&lt;p&gt;
&lt;img height="205" width="120" align="left" src="http://www.antville.org/static/miguel/images/venaverme.jpg" border="0" /&gt;
Autor: Krouse, Erika&lt;br /&gt;
T&amp;iacute;tulo: Ven a verme&lt;br /&gt;
Editor en Espa&amp;ntilde;a: Mondadori Editorial &lt;br /&gt;
A&amp;ntilde;o: 2004 &lt;br /&gt;
I.S.B.N.: 84-397-1061-5 &lt;br /&gt;
Traductor: Noguera, Sofia C. &lt;br /&gt;
N&amp;ordm; P&amp;aacute;ginas: 220
&lt;/p&gt;
&lt;p align=justify&gt;
Para variar, saqu&amp;eacute; el libro de la biblioteca sin saber nada de la autora. Pero ya s&amp;eacute; que hay alguien en la editorial Mondadori que tiene un gusto parecido al m&amp;iacute;o, as&amp;iacute; que cuando veo un nuevo libro de esta colecci&amp;oacute;n de nuevos narradores norteamericanos tengo pocas dudas. Confirmado, el libro de Erika Krouse no defrauda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En &amp;#8220;Ven a verme&amp;#8221; tenemos 13 relatos (en realidad 12+1, por que uno de ellos ocupa apenas dos p&amp;aacute;ginas) protagonizados por mujeres y narrados en primera persona y como la propia autora lo define, son &amp;#8220;stories about thirteen women trying to negotiate human relationships while keeping themselves intact&amp;#8221;. La mayor&amp;iacute;a de ellas est&amp;aacute;n de paso, ya sea este geogr&amp;aacute;fico o mental. Son mujeres que desean encontrar su lugar en el mundo pero las circunstancias que las rodean no parecen ayudar demasiado. Hay mujeres que desean casarse, otras que han huido de sus parejas, otras, solteras que solo se acuestan con hombres casados. Pero aunque esa b&amp;uacute;squeda llene las p&amp;aacute;ginas de una sensaci&amp;oacute;n de desilusi&amp;oacute;n, las historias est&amp;aacute;n contadas con humor y unos di&amp;aacute;logos inteligentes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El libro adem&amp;aacute;s crece. Las tres primeras historias crean el ambiente que impregna el libro pero entonces nos tropezamos con &amp;#8220;Misericordia&amp;#8221;, en mi opini&amp;oacute;n uno de los mejores cuentos. La protagonista es una joven que aparentemente no tiene demasiadas aptitudes para encontrar un trabajo decente, aunque vamos descubriendo que s&amp;iacute; que las tiene para sobrevivir, como se confirma con las pistas que nos da al final del cuento. A continuaci&amp;oacute;n viene &amp;#8220;Demasiado grande para flotar&amp;#8221;, la historia de una mujer que tiene dificultad para enfrentarse a sus miedos, a volar, a marcharse con el hombre del que se ha enamorado. Otro cuento genial es &amp;#8220;Madres de otros&amp;#8221;, en la que la protagonista anhela ser adoptada por las madres de sus amigos. En las dos &amp;uacute;ltimas p&amp;aacute;ginas relata la &amp;uacute;ltima vez que habl&amp;oacute; con su madre, una discusi&amp;oacute;n en un coche que va subiendo de tono hasta la explosi&amp;oacute;n final de la madre. Tambi&amp;eacute;n &amp;#8220;Momento&amp;#8221;, y ese final de una caja que se va vaciando, la met&amp;aacute;fora de su relaci&amp;oacute;n que tambi&amp;eacute;n se ha perdido, es un interesante relato.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este es el primer libro de Erika Krouse, residente en Colorado (en la mitad justo de Estados Unidos), que como promete su biograf&amp;iacute;a est&amp;aacute; "preparando una novela" (&amp;iquest;es que un autor no puede conseguir respeto si no publica en formato largo? ).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como no he localizado ninguna referencia en espa&amp;ntilde;ol sobre este libro, ninguna cr&amp;iacute;tica en peri&amp;oacute;dicos, revistas online, me imagino que pasar&amp;aacute; desapercibido. As&amp;iacute; que os invito a que no os lo perd&amp;aacute;is. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El sitio web de la autora: &lt;a href="http://www.erikakrouse.com" title="http://www.erikakrouse.com"&gt;www.erikakrouse.com&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;</description>
      <pubDate>Fri, 19 Nov 2004 13:44:19 GMT</pubDate>
      <guid>http://miguel.antville.org/stories/980252/</guid>
      <dc:creator>miguel</dc:creator>
      <dc:date>2004-11-19T13:44:19Z</dc:date>
    </item>
    <item>
      <link>http://miguel.antville.org/stories/980051/</link>
      <description>&lt;p align=justify&gt;

&lt;b&gt;Adicciones&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;Por Esperanza&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Antes de acabar la primera cerveza vi clara la imagen de mi mano abriendo la segunda. Tengo un problema con el alcohol, pens&amp;eacute;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Encend&amp;iacute; un pitillo y, antes de terminar de estrujarlo contra el cristal del cenicero, busqu&amp;eacute; con la vista el paquete a medias. Tengo un problema con el tabaco, pens&amp;eacute;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;Eacute;l entr&amp;oacute;, me bes&amp;oacute; y fue hacia el dormitorio. Saqu&amp;eacute; la caja de la costura y me puse a zurcir calcetines. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;b&gt;Sentado en el c&amp;eacute;sped&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;Por Miguel&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Me siento en el c&amp;eacute;sped.&lt;br /&gt;
Est&amp;aacute; h&amp;uacute;medo pero no me molesta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las moscas insisten en seguir caminos invisibles &lt;br /&gt;
en mi brazo, pero no me molesta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El sol hace que cierre un poco los ojos, &lt;br /&gt;
que mire como si fuera bizco, pero me da igual.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entonces apareces al fondo, cargada de bolsas.&lt;br /&gt;
Del supermercado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Me levanto del c&amp;eacute;sped, espanto las moscas,&lt;br /&gt;
me pongo las gafas de sol.&lt;/p&gt;</description>
      <pubDate>Fri, 19 Nov 2004 10:53:06 GMT</pubDate>
      <guid>http://miguel.antville.org/stories/980051/</guid>
      <dc:creator>miguel</dc:creator>
      <dc:date>2004-11-19T10:53:06Z</dc:date>
    </item>
    <item>
      <link>http://miguel.antville.org/stories/958467/</link>
      <description>&lt;p align=justify&gt;

&lt;b&gt;Transporte&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;Por Miguel&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estoy a la puerta del Caf&amp;eacute; Oriental esperando un taxi, cuando veo que pasan tres mujeres volando. Una tiene el pelo rubio, color fuego. La segunda es negra y tiene el pelo lleno de tirabuzones. La tercera, pelirroja, me sonr&amp;iacute;e tras una cara llena de pecas. Yo tambi&amp;eacute;n sonr&amp;iacute;o.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Hola. &lt;br /&gt;
- Hola &lt;br /&gt;
- &amp;iquest;Qu&amp;eacute; haces? &amp;#8211;me pregunta la pelirroja. &lt;br /&gt;
- Esperando un transporte &amp;#8211;contesto. Ni siquiera s&amp;eacute; por qu&amp;eacute; he usado esa palabra. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las mujeres sobrevuelan a mi alrededor, a unos diez metros de altura. Me gustar&amp;iacute;a estirar una mano y poder tocarlas, asegurarme de que son reales. No s&amp;eacute; por qu&amp;eacute; dudo. Lo son. Est&amp;aacute; claro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- &amp;iquest;Por qu&amp;eacute; no te vienes con nosotras? Lo pasaremos bien. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En ese momento aparece un taxi, que se acerca en mi direcci&amp;oacute;n. Levanto la mano, sin dejar de mirar a las mujeres. Cuando el taxi se detiene a mi lado, ellas hacen una mueca de desilusi&amp;oacute;n. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- &amp;iquest;No vienes entonces? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Les digo que no, que lo siento. Lo cual es verdad, solo que no me atrevo a quedarme. A&amp;ntilde;ado adem&amp;aacute;s la disculpa m&amp;aacute;s est&amp;uacute;pida, tengo que pasear al perro. Eso las decepciona. Lo puedo leer en su cara. Avergonzado entro al taxi. El conductor mira por la ventana, asombrado, y me dice:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Me ha parecido ver&amp;#8230; &lt;br /&gt;
- &amp;iquest;El qu&amp;eacute;? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se queda callado unos segundos, dudando si decirme lo que ha visto. Y eso que yo le confirmar&amp;iacute;a que sus ojos no le han enga&amp;ntilde;ado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Nada, nada. &amp;iquest;D&amp;oacute;nde vamos? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;iquest;Donde vamos? Buena pregunta. Ahora desear&amp;iacute;a estar volando con aquellas mujeres, y te&amp;ntilde;ir el cielo de colores, el color del mediod&amp;iacute;a, del atardecer, el color de una noche de luna. Pero estoy dentro de un taxi, camino de casa. A tiempo de pasear el perro que no tengo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Lo siento, me bajo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Le dejo un billete y salgo del taxi a toda prisa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;b&gt;Supervisor&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;Por Esperanza&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dos informes por hacer, una reuni&amp;oacute;n aplazada, seis caf&amp;eacute;s y no son ni las cinco. Afuera el viento levanta hojas secas que pasan por la ventana sin preocuparse de reuniones ni papeles. Y yo quiero estar con ellas, volar hasta el centro, pasar por el caf&amp;eacute; Oriental y saludar a los que esperan el autob&amp;uacute;s. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y sigo mirando las hojas. Y la chica rubia que sale del edificio se vendr&amp;aacute; conmigo, a volar por la ciudad. Camino a la pasteler&amp;iacute;a nos cruzaremos con una mujer negra de larga melena que se unir&amp;aacute; a nosotras. Y me dejar&amp;eacute; suelto el pelo para que todos vean mis tirabuzones rojos. Habr&amp;aacute; un chico alto y desgarbado esperando un taxi y yo le ofrecer&amp;eacute; volar conmigo. Y &amp;eacute;l me dir&amp;aacute; que no puede, que tiene que sacar al perro. Y se morder&amp;aacute; los labios pensando en lo bien que lo habr&amp;iacute;a pasado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dos informes por hacer y yo mirando las hojas. Camino del despacho del supervisor me cruzo con un chico nuevo. Es alto y desgarbado y mira hacia la ventana. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
-&amp;iquest;Tienes perro? &amp;#8211;le pregunto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;b&gt;Supervisor&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;Por Miguel&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mira que hac&amp;iacute;a viento ayer, que se volaban las hojas y casi los coches.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al bajar del autob&amp;uacute;s, a las 8 de la ma&amp;ntilde;ana, junto a la parada, me cruc&amp;eacute; con el barrendero. Muchas hojas por barrer,  montones de hojas marrones. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A lo mejor, entre tanta hoja, estaban los dos informes que dejaste ayer sin terminar. Lo estoy viendo, que pareces una colegiala pidiendo disculpas. &amp;#8220;Lo ten&amp;iacute;a todo listo, pero abr&amp;iacute; la ventana y salieron volando&amp;#8221;.  Tal vez ibas a usar la excusa del perro: &amp;#8220;El perro me comi&amp;oacute; los deberes&amp;#8221;, pero como a m&amp;iacute; no me gustan los animales supusiste que no lo iba a entender. Deber&amp;iacute;as tomar menos caf&amp;eacute;, te pones tan acelerada que cualquier d&amp;iacute;a echas a volar.&lt;/p&gt;</description>
      <pubDate>Thu, 28 Oct 2004 13:22:24 GMT</pubDate>
      <guid>http://miguel.antville.org/stories/958467/</guid>
      <dc:creator>miguel</dc:creator>
      <dc:date>2004-10-28T13:22:24Z</dc:date>
    </item>
    <item>
      <link>http://miguel.antville.org/stories/908385/</link>
      <description>&lt;p align=justify&gt;
&lt;b&gt;Mudos&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;Por Esperanza&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No te atrevas a contestarme, le dijo.&lt;br /&gt;
Y no lo hizo.&lt;br /&gt;
Se dio la vuelta y empez&amp;oacute; a andar. &lt;br /&gt;
Y &amp;eacute;l se qued&amp;oacute; mudo esperando una respuesta. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;Por Miguel&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siempre admiraste su capacidad de s&amp;iacute;ntesis.&lt;br /&gt;
Las palabras justas, &lt;br /&gt;
exactas,&lt;br /&gt;
precisas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquel d&amp;iacute;a ella estaba floja de reflejos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquel d&amp;iacute;a dijo:&lt;br /&gt;
&amp;#8220;Tenemos que hablar&amp;#8221;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una sonrisa. Tu oportunidad.&lt;br /&gt;
Esto se acab&amp;oacute;. &lt;br /&gt;
Dijiste antes de marcharte.&lt;/p&gt;</description>
      <pubDate>Tue, 07 Sep 2004 07:14:16 GMT</pubDate>
      <guid>http://miguel.antville.org/stories/908385/</guid>
      <dc:creator>miguel</dc:creator>
      <dc:date>2004-09-07T07:14:16Z</dc:date>
    </item>
    <item>
      <link>http://miguel.antville.org/stories/905046/</link>
      <description>&lt;p align=justify&gt;
&lt;b&gt;El olor del mar&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;Por Esperanza&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Me qued&amp;eacute; dormida y el libro que elegiste para m&amp;iacute; se me cay&amp;oacute; de las manos. Subi&amp;oacute; la marea hasta mojar mi toalla y se lo llev&amp;oacute; de la arena sin que me diera cuenta. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ahora me pregunto si me hubiese gustado el final o si es tiempo ya de que decida cambiarlo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;Por Miguel&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tumbado en la playa,&lt;br /&gt;
un golpe de aire&lt;br /&gt;
me quit&amp;oacute; ese enorme peso&lt;br /&gt;
de encima.&lt;/p&gt;</description>
      <pubDate>Fri, 03 Sep 2004 05:58:13 GMT</pubDate>
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      <dc:creator>miguel</dc:creator>
      <dc:date>2004-09-03T05:58:13Z</dc:date>
    </item>
    <item>
      <link>http://miguel.antville.org/stories/903998/</link>
      <description>&lt;p align=justify&gt;
&lt;b&gt;Conjunto vac&amp;iacute;o&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;Por Miguel&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el colegio, el profesor nos usaba de ejemplo para todo. Siempre dec&amp;iacute;a: imaginaos que Jacobo tiene tres manzanas y Beatriz otras dos. Jacobo y Beatriz se sentaban en la primera fila, donde los listos. Yo los odiaba. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un d&amp;iacute;a que no estaba Beatriz aprovech&amp;eacute; para ocupar su sitio, junto a Jacobo. No por qu&amp;eacute; se me ocurri&amp;oacute; esa tonter&amp;iacute;a. El profesor se sorprendi&amp;oacute; al verme. Creo que luego sonri&amp;oacute; y dijo: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Hoy veremos los conjuntos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;b&gt;Int&amp;eacute;rprete&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;Por Esperanza&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Toda la vida he estudiado a base de manzanas. En matem&amp;aacute;ticas, tres manzanas, m&amp;aacute;s dos manzanas. Yo te doy manzanas, t&amp;uacute; me las quitas. Y las leyes nacidas de manzanas cayendo. Y Eva pecando por morder una manzana. Hasta en lat&amp;iacute;n, dudosas comparaciones entre manzanas y sexo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hoy, para desayunar, me has dejado en la mesa una manzana sin coraz&amp;oacute;n, partida en cuatro. Y ahora no s&amp;eacute; c&amp;oacute;mo interpretarlo.&lt;/p&gt;</description>
      <pubDate>Thu, 02 Sep 2004 06:32:44 GMT</pubDate>
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      <dc:creator>miguel</dc:creator>
      <dc:date>2004-09-02T06:32:44Z</dc:date>
    </item>
    <item>
      <link>http://miguel.antville.org/stories/531979/</link>
      <description>Algunos enlaces recomendados:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Blogs:&lt;br /&gt;
- &lt;a href="http://cronicashoteleras.antville.org" target=nueva alt="Cr&amp;oacute;nicas hoteleras"&gt;Cr&amp;oacute;nicas hoteleras&lt;/a&gt;&lt;br&gt;
- &lt;a href="http://earful.bitako.com" target=nueva  alt="Earful, informaci&amp;oacute;n irrelevante"&gt;Earful&lt;/a&gt;&lt;br&gt;
- &lt;a href="http://evasivas.blogalia.com/" target=nueva alt="Eva sivas"&gt;Evasivas&lt;/a&gt;&lt;br&gt;
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&lt;br /&gt;
Amigos:&lt;br /&gt;
- &lt;a href="http://www.marianatorres.com" target=nueva&gt;Nada especial - La p&amp;aacute;gina de Mariana&lt;/a&gt;&lt;br&gt;
- &lt;a href="http://www.adamar.org/" target nueva&gt;Adamar&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Listas de correo:&lt;br /&gt;
- &lt;a href="http://foros.tallerdeescritura.com/lista/escrituracreativa/" target=nueva alt="Escritura Creativa"&gt;Lista de Escritura Creativa&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sitios web:&lt;br /&gt;
- &lt;a href="http://www.escueladeescritores.com" alt="Escritura Creativa" target=nueva&gt;Escuela de Escritores&lt;/a&gt;&lt;br&gt;</description>
      <pubDate>Tue, 30 Sep 2003 22:11:44 GMT</pubDate>
      <guid>http://miguel.antville.org/stories/531979/</guid>
      <dc:creator>miguel</dc:creator>
      <dc:date>2003-09-30T22:11:44Z</dc:date>
    </item>
    <item>
      <link>http://miguel.antville.org/stories/872762/</link>
      <description>&lt;b&gt;Atrevimiento&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;Por Miguel&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Me gritas.&lt;br /&gt;
Me gritas a m&amp;iacute;, &lt;br /&gt;
a los ni&amp;ntilde;os,&lt;br /&gt;
a tu madre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y me pregunto si me atrever&amp;iacute;a&lt;br /&gt;
a echar de menos &lt;br /&gt;
tus gritos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;b&gt;Atrevimiento&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;Por Esperanza&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Voy tachando d&amp;iacute;as en el calendario &lt;br /&gt;
de la pared.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Necesito unas vacaciones, &lt;br /&gt;
me digo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo que no me atrevo a preguntarme &lt;br /&gt;
es si necesito vacaciones &lt;br /&gt;
de m&amp;iacute;.</description>
      <pubDate>Mon, 02 Aug 2004 08:57:18 GMT</pubDate>
      <guid>http://miguel.antville.org/stories/872762/</guid>
      <dc:creator>miguel</dc:creator>
      <dc:date>2004-08-02T08:57:18Z</dc:date>
    </item>
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